¿De verdad Podemos?

El debate previo a su reciente reunión Vistalegre 2 en el seno de Podemos, a cargo de sus dos principales líderes (al menos hasta ese momento, luego veremos), parece muy moderno pero es algo muy antiguo. Eso sí, esta vez revestido de conceptos, unos nuevos, otros abandonados, que intentan dar a la cosa un aire renovador.

Se trata de la vieja discusión no tanto estratégica como táctica que se activa en vísperas electorales por lejanas que éstas parezcan. En síntesis y utilizando conceptos hoy en desuso, la discusión se centra en contraponer un frente de clase a un frente amplio. El primero incluye la clase obrera y sus partidos representativos, el segundo se amplía con segmentos de la pequeña y mediana burguesía y sus partidos.

Toda esa terminología hoy en desuso se ha sustituido en el debate podemita por algo más moderno o así se pretende. En un lado del mismo, los digamos puristas que repudian el sistema actual representado por la denominada Triple Alianza y buscan reemplazarlo con “lo nuevo” a través no tanto del trabajo en las instituciones como del trabajo “en la calle”. Frente a ellos, están los del frente amplio que buscan por supuesto también un cambio pero a través de acumular poder no tanto en la calle como por vía electoral, atrayendo a más votantes, y en las instituciones.

El resultado de las votaciones en la reciente asamblea es bien conocido, triunfo importante de los primeros. Hay que esperar para ver cómo se traduce en el reequilibrio de fuerzas internas dicho resultado o sea, cuanto poder interno acumula Pablo Iglesias y los suyos y en qué situación real queda Errejón y los suyos. A pesar de las proclamas y promesas de Unidad y Humidad está claro que la línea de Iglesias ha vencido y por lo tanto por ahí irán las decisiones estratégicas y organizativas.

A la vista de este resultado hay comentaristas que han afirmado que también Rajoy y el PP salieron vencedores de este cónclave. Como primera impresión, esa afirmación parece correcta. No hay duda de que, como es tradicional en los partidos de izquierda (sea lo que sea lo que eso de “izquierda” signifique ahora), las bases, aquí llamados “los inscritos”, están más a la izquierda que sus votantes. Aceptando que ese camino “casi revolucionario” propugnado por Iglesias y compañía se sigue (lo cual quizá es mucho aceptar), la gran incógnita es si les seguirán sus votantes actuales e incluso los nuevos que quieran incorporar, esos que o se abstienen o votan a otros, a los que se refería Errejón. Un primer antecedente, en lo que valga, es la importante caída de Podemos en votos tras su alianza electoral hace meses con Garzón y los suyos.

Una segunda conclusión, provisional sobre todo en estos tiempos de rápidos cambios sociales y muchas incógnitas políticas, es la oportunidad que esto puede suponer para un crecimiento electoral del PSOE. Aquí las incógnitas son mucho mayores y se refieren no solo a lo que vaya a ser Podemos como, y más importante, a lo que vaya a ser el propio PSOE que, dentro de su tendencia a la baja, vive una de sus tradicionales crisis de identidad y de liderazgo.

En política, se dice, los huecos no existen, se llenan rápidamente. Seguramente eso es cierto pero cada vez más se llenan con la abstención, cada vez más veces el partido más votado.