¿Y ahora qué?

Mientras escribo esta columna tengo como música de fondo la sesión de investidura o, mejor dicho, la de no investidura porque está claro que no va a haber Presidente de Gobierno ni a la primera ni a la segunda votación. Entonces, a partir del próximo lunes ¿qué?

Pues quedan las opciones de siempre, las de antes: algún tipo de acuerdo que posibilite la investidura de alguien o nuevas elecciones. Vayamos por partes como cuentan que decía Jack el Destripador.

Un acuerdo de investidura con Rajoy como candidato parece harto improbable con Sánchez como interlocutor del PSOE. Parece imprescindible que en ese caso uno de los dos desaparezca (políticamente). Que sea imprescindible no quiere decir que vaya a ocurrir. Una nueva reunión del Comité Federal del PSOE, algo más probable a partir del lunes, puede aprobar la abstención de ese partido en la investidura. En ese caso, la pregunta es qué hará Sánchez, si se quedará tragándose el sapo o se irá. Si el Comité Federal acuerda la abstención, tema resuelto para alivio de muchísimos conciudadanos hartos de esta historia y también respirarán los poderosos patrocinadores de esta opción. Otra cosa es el coste que la misma tenga para militantes y votantes socialistas que verán que Podemos pasaría a ser, con toda probabilidad, la oposición.

La posibilidad de la denominada “coalición Frankenstein” (Podemos, sus confluencias, nacionalistas) es nula. Una jaula de grillos así no serviría para la investidura, imaginemos lo que sería un gobierno así. Un suicidio.

¿Cabe pensar en un candidato del PP distinto de Rajoy que contase con mayor receptividad del PSOE? Caber, cabe en teoría pero en la realidad Rajoy cuenta (o parece contar porque sabemos que las fidelidades varían y se van con el ganador) con amplio respaldo interno y nada asegura mayor receptividad socialista a otro candidato popular.

¿Es posible una candidatura de eso que se llama un “independiente de prestigio”? Lo es pero poco probable. Puede encontrase alguno pero el gran peligro es que la candidatura recayese en algún expolítico popular o socialista especialista en puertas giratorias y apoyado por el “establishment”. Porque esa sería la tendencia.

Todo parece conducirnos a otra elección. Lamentablemente. Lo malo no es una nueva elección sino que el resultado de la misma no sería muy diferente al actual. En principio pero no seguro porque como en la segunda, el tiempo ha hecho posible que se conozca cada vez mejor a los candidatos. A estas alturas parece haber varias cosas claras. Una, que Rajoy que encarna lo peor, que es muchísimo, de los cuatro años de mayoría absoluta del PP debe irse. Lo mismo que Sánchez por parecer amortizado en su partido, siempre proclive a maniobras “fraternales”. Iglesias y sus gentes han demostrado cada vez más no estar capacitados para labores de gobierno, todo lo más para agitación universitaria. Ribera y su partido siguen sin saber qué quieren ser de mayores.

Preparémonos resignados a caminar por la vía de nuevas elecciones. Consolémonos pensando que toda democracia tiene costes. Y recordemos que una cosa son las previsiones, los pronósticos en un papel y otra la realidad, mucho más rica y que puede deparar sorpresas inesperadas. Más en el amplio período de tiempo que se abre a partir del lunes.