La UE tras el Brexit

“Muchos pensaban que, después del Brexit, Europa estaba acabada. No es así. Respetamos la decisión de los británicos, pero queremos escribir una página de futuro”, declaró el primer ministro italiano Matteo Renzi al término de la reciente reunión tripartita Alemania, Francia, Italia. Seguramente que una muestra del actual estado de “Europa” (mejor decir la Unión Europea, Europa es algo más que eso) es que lo dice un primer ministro no elegido en las urnas sino por secretaría y en la cuerda floja con un referéndum a la vista que puede producir su salida.

Es muy sencillo etiquetar a quienes critican a la Unión como “populistas antisistema”. Es muy sencillo pero equivocado y peligroso para esa unión porque proporciona una buena excusa para no enfrentarse, seriamente, con los problemas que arrastra y que lastran ese proyecto. El reciente, y seguramente inesperado Brexit en las mentes bien pensantes y expertos europeístas, tiene el lado positivo de sacar a la luz de manera impactante esa crisis, o mejor esas crisis en plural, que desde hace años arrastra el proyecto europeo.

El Brexit responde a causas puramente británicas así como a otras del proyecto europeo y globales. Un agudo observador, de alma europea y británica según él mismo, lo resume perfectamente en su artículo “Brexit: reflexiones sobre una gran derrota” (El País 26 junio) cuando afirma que “lo que une y refuerza estos dos malestares ( se refiere a una “unión monetaria precipitada, mal concebida y demasiado ambiciosa” y a la apertura de la EU hacia el Este con “intenso movimiento de gente en sentido contrario”) es una reacción general contra las consecuencias de la globalización, de la que la UE es un ejemplo especialmente concentrado”. ¿Afirmar todo esto es populismo? No reconocer estos problemas y su gravedad es cerrar el camino a una reforma a fondo del proyecto europeo y seguir por el camino errado definido mayoritariamente por las élites y los poderes fácticos europeos. Sigue Garton Ash: “El jueves, cuando tuiteé que había votado por la permanencia, alguien llamado Andy Keech me respondió: “Nunca ha vivido en una vivienda protegida, nunca ha tenido que preocuparse por la factura del gas. Voteleave”). ¿Esa respuesta es populismo o es un punto de vista diferente, muy ampliamente compartido y no tenido en cuenta?

La idea de una Europa unida es magnífica y sin duda mejor que cualquier otra alternativa. Pero eso no debe ser un cheque en blanco ni escrito solo por una parte de los europeos. El proyecto enfrenta hoy desafíos enormes. Unos vienen de atrás y son resultado de las mayores dificultades que supone un proceso de cesión de soberanía en temas clave como lo sintetiza la unión monetaria, un proyecto con enormes pasivos como bien señala Garton Ash y como tantas veces hemos insistido en esta columna. Otro error muy grave, en el que sigue insistiendo Bruselas, léase Alemania, es la política de austeridad, realmente un castigo a los “pecadores” del Sur. La Oficina Independiente de Evaluación del FMI acaba de publicar un muy crítico informe sobre la actuación del Fondo en las políticas de austeridad impuestas (ésa es la palabra correcta) a Grecia, Portugal e Irlanda. Las conclusiones deben ser las mismas para la actuación de Bruselas, integrante y alma de las famosas “troikas”. Otros de los desafíos y más concretamente el de la seguridad son recientes, tema que pone encima de la mesa urgentemente, lo imprescindible de una mucho más estrecha cooperación y, más que eso, de integración de políticas. En cambio, el tema de los refugiados cuya gravedad sigue ahí a pesar de haber desaparecido de las primeras páginas, no parece haber sido tan urgente en esta reunión. A pesar de ser, con de la unión monetaria, otro de los grandes fracasos de la UE. Se ha pasado del “Bienvenidos refugiados” a la “externalización” del tema a Turquía y a “Refugiados fuera”.

Queda mucho por hacer. Veremos esa página “de futuro” que dice Renzi que texto tiene.