¿Y qué fue de aquel “nuevo modelo de crecimiento”?

Cuando yo era pequeño, años cincuenta, hubo un humorista argentino, Pepe Iglesias “El Zorro”, que se hizo muy popular en la Cadena Ser, seguro que muchos de mi quinta lo recuerdan. Su número fuerte era el recuerdo del “Finado Fernández” del que recordaba muchas y variadas cosas, ”Tenía…” así iniciaba cada frase.El final del monólogo, que hizo fortuna, era siempre “¿Y del Finado Fernández? Nunca más se supo”.

¿Y qué fue del aquel “nuevo modelo de crecimiento” para nuestra economía del que tanto se habló, se escribió y se pontificó hace muy pocos años? Pues, como del Finado Fernández, nunca más se supo. Ese nuevo modelo basado en la economía del conocimiento, en la formación profesional y la excelencia escolar y universitaria, en exportaciones tecnológicamente avanzadas y demás maravillas y, sobre todo, en el adelgazamiento del ladrillo y el cemento y de un sector terciario basado en servicios elementales y bajos salarios. De todo eso, nunca más se supo.

Es cierto que ese planteamiento era voluntarista pues ignoraba, entre otras cosas, la enorme complejidad y el gran lapso de tiempo exigido para una transformación así. Se trataba, en el fondo, de encontrar una nueva ubicación para nuestra economía en la división internacional del trabajo y del comercio, desarrollando nuevas ventajas competitivas. Nada menos que eso. Pero el hundimiento del, digamos, “modelo de crecimiento” desde la entrada en el euro basado en el ladrillo y la especulación inmobiliaria determinó la urgencia y el arbitrismo de tratar de encontar la “piedra filosofal”.

La realidad es muy distinta. Esa piedra filosofal ha sido, o mejor está siendo, la devaluación interna con bajas salariales y deterioro de las condiciones laborales acompañada de un enorme auge de entrada de turistas extranjeros aunque con descenso de su gasto diario. Para completar ese “nuevo modelo” está reapareciendo un viejo conocido, la construcción residencial. Nada nuevo bajo el sol.

La última Encuesta de Población Activa muestra una vez más el gran peso del empleo temporal, sobre todo en servicios de escaso valor añadido y bajos salarios como son el turismo y el comercio. Que ahí España tiene ventajas competitivas no hay duda y que ese empleo es mejor que nada. Pero ¿cuantos años se viene hablando de cambio en el modelo turístico buscando mayores ingresos por turista? Hay zonas en nuestro país en los que las economías externas del turismo veraniego están empezando a ser negativas.

Por su parte,el buen comportamiento exportador de mercancías no debe ocultarnos sus debilidades que siguen siendo las de siempre: competitividad basada en bajos salarios, sectores de exportación tecnológicamente poco avanzados y de demanda mundial débil, excesiva concentración de mercados, limitado cuerpo exportador, escasa capacidad empresarial.

Tras el estallido de la actual crisis, en la que estamos todavía, las urgencias han sido otras: tapar agujeros, subsistir, capear el temporal. Los daños, no solo económicos, han sido muchos y muy desigualmente repartidos. Es hora de repensar y de poner encima de la mesa las debilidades de nuestro modelo de crecimiento y encontrar un terreno de entendimiento para ir buscando, con paciencia y tenacidad, soluciones para lograr algo que hoy no tenemos: una sociedad más justa basada en una economía eficiente y sostenible.