“Money Monster”, un retrato fiel

“Money Monster” es el título de una película que, seguramente con más pena que gloria, sigue su periplo por cines madrileños. Se trata de una buena película dirigida por la eficaz Jodie Foster y con un buen guión que mantiene la atención del espectador. A mí me interesó el tema “a priori” y por eso fui a verla. No salí decepcionado, al contrario. Es un retrato fiel de una época y de unos personajes.

El personaje central es el presentador de un programa financiero en el que, en base a información privilegiada o a compromisos, recomienda a sus oyentes inversiones en renta variable. Sin duda, ese personaje es real, está basado en los que proliferaron en las cadenas americanas, sobre todo en las de cable, durante los disparatados años de las dos burbujas, la tecnológica seguida después por la de las hipotecas basura. Todas ellas hijas de la desregulación y la “financiarización” de la economía del país, algo que arranca con las políticas de Reagan a partir de los ochenta. Esos programas televisivos, acompañados de otros medios y libros de “gurúes” que jaleaban la llamada “nueva economía”, la desaparición de los ciclos, el progreso sin límite, el Dow Jones a 100.000 y demás maravillas, jugaron un papel clave. Transformaron el país.

El segundo personaje, tan central como el presentador, es un muy modesto inversor arruinado por el brutal hundimiento de la empresa recomendada en la que ha invertido todos sus escasos ahorros. La víctima de fraudes realizados por personas importantes como millones de ahorradores. En Estados Unidos y en todo el mundo cuando esa crisis, primero financiera y allí localizada, fue mutando en sus efectos y en su geografía. Los enormes daños en todo el mundo siguen con nosotros.

La primera respuesta de la empresa “hundida” es que ha habido un fallo en el algoritmo, ese elemento clave comprendido solo por muy pocos y diseñado por los denominados “quants” (los que hacen análisis cuantitativos, profesionales situados en el “back office” de los grandes operadores financieros). Luego se desvela que no ha sido así (el “quant” coreano jura que su algoritmo no puede fallar) sino que ha habido otra causa. Efectivamente, ha habido un desfalco por parte del máximo ejecutivo de la empresa hundida por una decisión especulativa. Es decir, nada sofisticado, algo más vulgar. Su víctima, que no es la única pues el desfalco alcanza a muchos más inversores engañados, rechaza que le devuelvan su dinero, solo quiere una disculpa. No desvelo el final de la película en la que pasan muchas más cosas. Como el ahorrador iba con una pistola, es fácil deducir su final.

Es un retrato fiel de una parte muy pequeña de quienes operan en los mercados financieros. Sobre lo ocurrido en esas dos burbujas especulativas y sus causas así sobre cómo operan esos sobredimensionados mercados y sus personajes, principales y accesorios, se han escrito ya miles de páginas con muy variados enfoques. Ha habido también varias películas, destacaría dos: “Inside Job” (documental) y “Margin Call”.

Caben dos conclusiones. Una, lo ocurrido, sobre todo en la crisis de las hipotecas pero que fue mucho más que eso, puede volver a ocurrir en cualquier momento. Está generalmente aceptado que las reformas hechas son insuficientes. Los incentivos perversos, el cortoplacismo, el secuestro del regulador por los que deben ser regulados y supervisados, la codicia, el muro del silencio imperante en los operadores, etc. entre otros muchos males, no han desaparecido. Dos, la práctica totalidad de los responsables por acción u omisión no han sido sancionados. Como siempre, la impunidad es el mejor caldo de cultivo para la reincidencia. Recomendación final: si les interesa este tema, vayan a ver “Money Monster”. Antes de que la quiten.