Aquellos felices años (para algunos)

Aquellos “felices años” comienzan con la firma del tratado de adhesión a la CEE en junio del 85 y se prolongan hasta los inicios de la siguiente década. No son felices para todos obviamente pero sí para una gran mayoría de los habitantes de un país que experimenta notables transformaciones de todo tipo. Y fueron muy felices para una minoría que aumentó su poder y su riqueza. Parte de las viejas élites dejaron paso a nuevas.

La resurrección de Mario Conde, una de las figuras estelares de esos años, permite hacer un balance aunque sea breve de aquella época. Balance de un observador atento aunque desde “fuera de la melée”. Algunas frases popularizadas esos años y que reflejaban el estado real de las cosas servirán de marco referencial.

Imprescindible comenzar por la trayectoria del PSOE en el gobierno desde diciembre de 1982, factor decisivo en años de mayorías absolutas y aplastantes. Giro de ciento ochenta grados en sus políticas económicas definidas a partir de entonces acertadamente “como fuertes con los débiles y débiles con los fuertes”. Son también los años de la “thatcheriana” máxima de la TINA “There Is No Alternative”, “No hay otra alternativa”. Sólo hay una política económica posible y acertada. “Tu problema son los trabajadores” dijo Nicolás Redondo, secretario general de UGT al entonces ministro de Economía Carlos Solchaga, en un debate televisivo.

Son los años de la “beautiful people”, de la “gente guapa” que dominaba centros de poder oficiales y privados. Son los años de la “cultura del pelotazo” con precisamente Mario Conde como su ejemplo principal. Son los años en que, según crónica de la época, Solchaga afirmó que “España es el país donde uno se puede hacer más rico en menos tiempo”. Ese era el ambiente de una “feliz” época de quiebra moral y ética, de inicio y crecimiento de la corrupción (casos Roldán y Rubio, saqueo de fondos del ministerio del Interior, entre otros), de “puertas giratorias” abundantes ( una parte de los entonces ministros, altos cargos y gestores de sociedades públicas pasan sin solución de continuidad a consejeros en entidades privadas o a establecer bufetes de influencias),de tantos y tantos males que no se atajaron porque había intereses muy poderosos detrás de ellos, males que hoy son un tremendo lastre. No es exagerado afirmar lo de que “aquellos polvos han traído estos lodos”.

Mario Conde, icono de esos años, cae seguramente porque su desmedida ambición política, concretada en el objetivo de ser Presidente del Gobierno y salvador de la patria, choca con otros intereses contrarios, políticos y económicos. Es lo que él ha llamado siempre “El Sistema”. Su catastrófica y delictiva gestión en Banesto lo condena y lleva a la intervención de la entidad a pesar de los apoyos de la Jefatura del Estado.

Son los años del crecimiento que nunca se va a acabar, de la llegada de fondos de la CEE, del gran despilfarro desde el AVE hasta la Expo de Sevilla y los JJOO, de la entrada de la peseta en el Mecanismo de Cambios del SME con un tipo de cambio central disparatado de 65 ptas.= 1 DM (luego hubo que devaluar cuatro veces). Pero en 1991-92 cambia la coyuntura, llegan las vacas flacas y en diciembre de 1993 Banesto es intervenido y Conde condenado a cárcel. Se agota una época. Años después llegará otra peor, ejemplificada por la especulación y la burbuja de la construcción acompañada de gran corrupción. Pero esa es otra historia. Sus semillas están en esos “felices años”.