La Unión Europea y los refugiados

Era previsible lo que está ocurriendo. Primero, recepciones entusiastas a cargo de una parte de la población de la UE. Después, se inicia la fatiga de la solidaridad ante el creciente número de refugiados y las dificultades correspondientes en la gestión de este problema que se agrava día a día. Es la indiferencia ejemplificada en el menor espacio en los medios. Ahora parece que estamos entrando en la tercera etapa, la del rechazo creciente a la vista de encuestas y, más importante, de manifestaciones e incidentes sobre todo en Alemania, país pionero en la primera etapa. Todo ello, desgraciadamente, muy normal.

Seguramente se crearon falsas expectativas en la primera etapa en las que jugó un papel clave la respuesta decidida de la canciller Merkel con su mensaje y, más importante, su decisión de abrir las puertas de su país. Nada que reprochar salvo quizá ese excesivo optimismo respecto uno, de la respuesta de sus conciudadanos y de otros políticos incluso de su coalición y dos, acerca de la cifra prevista de refugiados que ha ido creciendo rápidamente. La inaceptable respuesta de países como Hungría ha arrojado leña a un fuego que muchos, seguramente muchos más de lo que se piensa, se alegran que crezca.

El problema, en teoría y la vista de los números es manejable a pesar de las dificultades de gestión acrecentadas ahora por la llegada del invierno. Decimos teóricamente porque como es sabido la cifra calculada de refugiados, del orden de millón y medio (incluyendo los migrantes económicos), y de sus demandas son un ridículo porcentaje de la población y de la riqueza de la UE. Pero aceptado eso los hechos, como siempre, son más complejos. Por dos factores importantes por lo menos. Uno, la gran mayoría de los refugiados tiene un único objetivo Alemania acompañado en menor medida de Suecia. Ambos países piden, lógicamente, que el resto de la UE arrime el hombro y de ahí lo acertado de los cupos obligatorios, algo que tardó meses y todavía hay que aplicarlo.

Dos, esta crisis ha sorprendido a la UE sin un mínima política común en este campo. Ha pasado lo mismo que con la crisis financiera en la que también la respuesta de la Unión ha sido tardía e incompleta. Esto ha supuesto, está suponiendo altísimos costes sociales. Lo mismo está ya pasando en este tema de los refugiados. Cada retraso en las decisiones y en llevar a la práctica las decisiones (una cosa es por ejemplo la ayuda financiera comprometida y otra muy inferior la realmente desembolsada) tomadas tienen también un muy alto coste social que va a crecer con la llegada del invierno. Miles de víctimas en el Mediterráneo, sufrimientos y penurias en el camino de estos desheredados hacia “la tierra prometida”.

Era conocido desde hace años que el desequilibrio económico Norte-Sur con un Norte rico, la UE, rodeado de un mar de miseria a tiro de piedra, era un pasaporte al conflicto. La situación ha empeorado brutalmente cuando a ese desequilibrio económico y de oportunidades se ha unido la guerra, los repetidos y cada vez más enconados y complejos conflictos bélicos. En el origen de esos conflictos, la mayor parte de ellos en la región más inestable del mundo, Oriente Medio, tienen un papel fundamental las políticas en esa zona de las grandes potencias. ¿Es posible aislar de la actual situación el permanente problema de la ocupación israelí de Palestina? ¿O la política de Francia y el Reino Unido tras la primera guerra mundial con la desmembración del Imperio Otomano? ¿O la invasión de Irak con el falso pretexto de la implicación de Sadam Hussein en el 11S y sus armas de destrucción masivas que nunca existieron? ¿O la política permanente de Arabia Saudí de ayuda masiva a los fundamentalismos? No son estas las únicas causas pero sí pesan mucho. Negarlo es negar la realidad y hacer más difícil la solución de problemas muy complejos.

Hoy el principal problema de la UE es encontrar una rápida solución para los refugiados así como al de los migrantes económicos, al parecer arrojados a una segunda división. Gigantesca tarea que pone a prueba esas renombradas señas de identidad de la Europa social así como la eficacia de los gobiernos de la UE y de las instituciones comunitarias. Momentos para demostrar que sirven para algo que valga la pena.

  1. jm says:

    prefiero un rey por 40 años que un presidente cada cuatro, y en cuanto a la sucesión monarquica no es muy diferente a la de Castro por ejemplo y si es antigua pues a mi me da igual no son monarquías absolutas, el antiguo eres tú. Pero vamos que por mí se pueden quitar a los dos pero entre ambas opciones creo que se roba menos, que hay menos depotismo en un rey cada 40 años que un presidente cada cuatro, que visto lo visto los enchufes los queda bien amarrados cada uno y se suman a los del siguiente.

  2. Hermman says:

    Prefiero votar casa 4 años a un candidato que tener una monarquía que no es elegida por nadie,…. El principio básico de cualquier democracia es el derecho de los ciudadanos a la libre elección…….

  3. Rosa del cairo says:

    Bueno peor que la monarquía fue como nos colaron de rondón un estado de las autonomías que ha convertido a España en un reino de Taifas, cuyo estatutos tampoco votamos y que ha servido visto lo visto para empobrecernos a todos a costa de unos pocos. Un senado que también fue colado y aparte de garantizar un porrón de prebendas, no acabamos de ver su función. Y por encima de todo, un sistema donde lo de que cada hombre un voto es cuando menos discutible. Si hacemos balance me parece que lo mejor de los diferentes goles que nos colaron en la Constitución, viendo la evolución de unos y otros, desde luego ha sido la monarquía.