En el prólogo de la precampaña de la campaña electoral

En principio parece que la cita electoral es para el 20 de diciembre. Cita electoral no para elegir al Presidente del Gobierno de España como una gran cantidad de gente cree sino para elegir representantes en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Esa errónea creencia muy generalizada es una de las muchas debilidades de nuestra gastada democracia y responde en el fondo a una minusvaloración real del poder legislativo respecto del ejecutivo, para muchos el verdadero poder. Algo fruto sin duda de la sucesión de mayorías absolutas. Como lo más probable es que esta vez eso no ocurra, no es descartable que el presidente, a quien lo elige la Cámara Baja, no sea el número uno de alguna lista. Sería un paso interesante en la didáctica democrática. Decimos “en principio” porque hasta ahora no hay anuncio oficial de fecha alguna. Tan sólo un curioso anuncio, más bien anticipo, del Sr. Rajoy en una entrevista en un canal privado. Curioso procedimiento.

Pero da igual, la cosa ya está en marcha y estamos en el prólogo de la precampaña a la que seguirá la campaña. Cuando esta empieza oficialmente, la única diferencia es que a partir de ahí se puede pedir el voto. Hasta entonces no, aunque asistamos a inauguraciones, mítines, promesas, presencia masiva (no de todos, solo de los elegidos) en medios, etc. La maquinaria está en marcha y cada vez los períodos son más largos llevando al cansancio al presunto votante. Las encuestas se multiplican actuando como lo que son: instrumentos de recogida de intenciones de voto y, segundo y más importante, de formación de opiniones y por ello de intenciones de voto. ¿A qué indeciso no le gusta votar al que aparece como ganador en las encuestas?

Todo esto da lugar al desarrollo de una creciente “industria”, de un negocio electoral, basada en el dinero que gastan los partidos y este , a su vez, basado en el dinero que, menos importante, obtienen de cuotas de afiliados y, mucho más importante, de créditos bancarios a cuenta de las subvenciones públicas así como de comisiones ilegales. Vale la pena detenerse en cada uno de estos conceptos.

Las cuotas de afiliados y algunos otros ingresos propios en algunos partidos procedentes del coloquialmente denominado “impuesto revolucionario” de sus cargos públicos suponen la parte menos importante, con diferencia. El chocolate del loro, concretamente en los partidos “viejos” como el PP, PSOE, CDC, PNV.

Mucha más entidad, aunque nunca nos enteraremos de las cifras reales, suponen las comisiones ilegales ligadas a adjudicaciones de contratas. El famoso 3 % (más en muchos casos), es decir corrupción pura y dura, omnipresente desde el inicio de la democracia y que sin duda ha servido para falsear resultados. El tema parece ahora más controlado. Pero está claro que muchos de esos pecados van a quedar sin sanción ya sea política o judicial. Ejemplar.

Nos queda la financiación bancaria, instrumento de enorme importancia cualitativa y cuantitativa. Cualitativa, porque mediante su concesión desde las primeas elecciones, la banca ha tenido y tiene un sistema de condicionar los programas y las decisiones electorales. Una parte de créditos concedidos hace años a los partidos “viejos” están y estarán sin devolver y ese coste no lo paga el prestamista sino que recae sobre el contribuyente. Son cifras importantes. En teoría son préstamos a reembolsar con las subvenciones públicas recibidas “a posteriori” tras los resultados electorales. La financiación bancaria es previa a las elecciones y las entidades las conceden según sus datos y otros factores menos objetivos mientras que las subvenciones públicas son en función de los resultados electorales. Un partido que no reciba financiación “a priori” no tiene nada que hacer aunque tenga el mejor programa y los mejores y más honrados cuadros. Esta es la principal fuente de financiación en un sistema basado en esas subvenciones y no en las fuentes privadas. Añadamos que un sistema de financiación pública es mucho mejor para la democracia que uno, como el norteamericano, basado casi al cien por cien en donaciones privadas, fuente de toda clase de desmanes.

En resumen, el dinero, como en todos los demás campos de la actividad humana, es clave, algo que, intencionadamente, se oculta. Como decía un senador norteamericano “las tres cosas más importante en las elecciones son dinero, dinero y… he olvidado la tercera”. En Estados Unidos es muchísimo más importante que aquí pero aquí cuenta cada vez más, envileciendo el proceso electoral. Porque la intervención de los poderes económicos no es sólo a través de la financiación sino que hay muchos otros caminos como por ejemplo medios de comunicación. Pero eso es para otro día.

  1. MikeLeMR says:

    ¿Confundir empresas con Estados está hecho aposta para confundir al personal? Juan Carlos I sólo sigue siendo necesario en sus fantasías de dormitorio señor Peñafiel. Fuera ya la familia real de los negocios! Así es como han amasado su inmensa fortuna al margen del fisco.