Vuelco en el Labour

Si cuando se presentaron las candidaturas para líder del laborismo británico Ud. hubiese apostado en un “bookmaker” una libra a favor de Jeremy Corbyn, su triunfo le habría dado cien. Un triunfo sorprendente sin duda. Triunfo debido a los votos de viejos militantes, sindicalistas y una pléyade de jóvenes y recién llegados que se inscribieron para esa votación. Curiosamente esa participación externa habría sido fomentada por los propios laboristas para intentar asegurarse un voto a cualquiera de los otros candidatos “fiables”. Ese “entrismo” habrá recordado a más de un viejo laborista la misma táctica utilizada hace muchos años por “trotskistas”.

Ya antes de la votación Blair olfateó el peligro y advirtió a sus correligionarios de que “si su corazón le aconseja votar a Corbyn mejor que se haga un trasplante”. Es difícil saber si manifestaciones de ese tono llevaron votos a Corbyn pero es muy probable. Lo que es cierto es que una enorme parte de ese voto puede catalogarse como “antiBlair”, su Tercera Vía y su propia conducta. Una cosa es ser pragmático ( y los políticos lo son muchas veces, unos más que otros) pero bien distinto es ser cínico y colocar como único objetivo vital ganar cuanto más dinero mejor caiga quien caiga ( con ayuda de tu cónyuge). Eso es lo que hoy representa Blair.

Por supuesto que esto no explica del todo la sorprendente votación. El Reino Unido es hoy una de las sociedades desarrolladas con mayores desigualdades de todo tipo, fruto de una larga historia y, sobre todo, de los años de Thatcher. Años que tuvieron su continuación con la Tercera Vía de Blair que convirtió al partido laborista en una mala copia de los conservadores. El descontento social, similar al de otros países, busca su remedio en los nuevos dirigentes y en una pretendida vuelta a los orígenes, al menos en muchas cosas.

¿Es posible ganar las elecciones con ese programa que se apunta y con esos líderes? Porque de nada sirve todo eso si se va a un fracaso, uno más, electoral. Corbyn cuenta con el rechazo de gran parte de los diputados de su partido así como de los poderes “fácticos” del país. Los conservadores ya han sacado la caja de los truenos alertando sobre catástrofes varias y simultáneamente se han regocijado porque piensan que el laborismo está condenado a muchos años en la oposición con una segura reedición de Michael Foot.

No es descartable, incluso es lo más probable. Los enemigos que tiene enfrente cualquier iniciativa política que busque alterar las líneas esenciales y básicas del sistema imperante son muy poderosos. Hay muchos ejemplos. Por ello, hay que esperar para ir conociendo cuales son las políticas que quiere desarrollar este nuevo Labour y cuanta dosis de pragmatismo se inserta en las mismas de cara a un triunfo electoral. Tiempo por delante tienen.
Nota final: resulta grotesco ver discutir a Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre quién es el “hijo político” de Corbyn. Son como niños.