Responsabilidad europea

Lo dijo claramente el gobierno griego cuando la crisis de los refugiados políticos arreciaba: “Los refugiados no vienen a Grecia, vienen a Europa”. Acertó. La responsabilidad en la gestión de esta crisis de enormes y crecientes proporciones que día a día va superando lo imaginable es conjunta, de la UE. No puede ser de un solo país ni enfrentada fuera de un marco de una mínima cooperación europea, algo que hasta el momento no existe. Porque esta reciente llegada masiva incluye fundamentalmente a refugiados políticos, es decir a aquellas personas en peligro a las que, según convenios internacionales, hay que acoger y tratarlos obligatoriamente como a seres humanos, algo que no está ocurriendo.

Esta crisis es de muy difícil solución y no es coyuntural sino de larga duración y se une a la permanente inmigración, esa que se da por razones digamos económicas y que sigue y va a seguir sobre todo en el Mediterráneo, antes mar de civilizaciones hoy mar de la muerte. Ambas corrientes migratorias tienen puntos de confluencia quizá sencillos de distinguir en teoría (por ejemplo, haciendo un listado de países con conflictos) pero que es algo mucho más complejo en la realidad. Si la primera se centra sobre todo en países emisores como Siria, Irak, Libia o Somalia, la segunda lo es en regiones del África Subsahariana. Desbordados países receptores de la primera como Líbano, Jordania o Turquía, los desesperados llegan a Europa central.

Y Europa, la UE, ha sido incapaz hasta el momento de responder a este reto de manera mínimamente humanitaria y organizada. Sólo Alemania parece estar a la altura de algo digno. Pasan los días, y cada día supone más dolor para esos miles de desheredados. La UE muestra su falta de sensibilidad y de voluntad política mientras dominan la desorganización y los nacionalismos egoístas, algunos como los de Hungría y su frontera de alambre de espino (lo que se va contagiando a otros países miembros y aspirantes), claramente xenófobos. La iniciativa debatida y no aprobada en abril de cupos obligatorios para países receptores de refugiados, aplicable a la ridícula cifra global de 40.000, sigue ahí pendiente y parece que se examinará dentro de quince días. Las decisiones comunitarias van despacio, despacio mientras crece deprisa, deprisa la tragedia. Es imprescindible un acuerdo rápido con unos mínimos comunes de acción europea como base para una política común en estos temas. Algunos países europeos, sus gobiernos y sus poblaciones, deberían recordar que parte de los problemas de los países emisores de emigrantes obedecen a intervenciones bélicas o de otro tipo en los mismos por esos países y otros occidentales, bien en tiempos pasados pero muy próximos o bien en tiempos muy recientes. Se han sembrado muchos vientos y hoy se recogen tempestades.

Comentario especial merece la actitud del gobierno español. Nuestro país aprueba anualmente sólo el uno por ciento de las peticiones totales de asilo aprobadas por la UE. Sólo una cuarta parte de las peticiones anuales se aprueban, peticiones muy escasas quizá porque se sabe que se aprobarán muy pocas. El gobierno se opuso al cupo obligatorio propuesto por la Comisión de unos 4.500 refugiados aceptando, en principio, sólo un tercio alegando la situación económica. Curioso cuando se sigue alardeando de ser la “locomotora de Europa”. Es totalmente rechazable esta insolidaria y egoísta actitud.