Breve crónica de un acuerdo anunciado

El pasado 10 de febrero publiqué en este mismo medio mi columna semanal con el título “Grexit y Hotel California”. Recordando una conocida frase de esa magnífica canción de Eagles “Puedes dejar tu habitación en el momento que quieras pero nunca puedes irte” (www.republica.com/el-replicante/2015/02/10/grexit-hotel-california).

Escribía que la Eurozona es como ese hotel: una vez dentro, ya no puedes salir porque los destrozos, en carne propia y en ajena, sobre todo en las economías más débiles de esa zona (eso incluye la nuestra) serían muy graves. El recuerdo de la caída de Lehman Brothers está siempre presente aunque es claro que los mecanismos de defensa de la Eurozona son mucho mejores que hace años. Aun así los riesgos de un desastre son muy altos.
Por eso aventuraba en esa columna que “el pensamiento dominante, al menos hasta ahora, es que al final habrá una acuerdo y la razón es simple: Porque no es imaginable que no lo haya”. Muy en la tradición negociadora de la UE ese acuerdo será, ha sido, sobre la campana.

Las reacciones de las partes negociadoras y de los mercados indican que este acuerdo de principio se concretará. La impresión más generalizada, a la vista de lo que se conoce, es que la parte más débil ha cedido (bastante) más que la más fuerte. Normal, así son las cosas.

Quedan cabos sueltos no menores. Uno, la venta interna en su país y en su partido por parte de Tsipras. Es más que probable que, con destrozos en el camino, el resultado no sea desfavorable para el Gobierno. El cansancio de la sociedad helena y la impresión de que lo acordado parece lo menos malo ayudan a ello. Otro cabo suelto, parece, es el de la reestructuración de la deuda. Una parte de los “gurúes” califican a esta deuda como impagable, opinión refutada por otros. Lo que parece estar claro es que sin crecimiento de la economía esa deuda sin restructuración (al menos en plazos, otra cosa es una posible quita, algo menos probable) no se puede cumplir si la economía no crece. Es lo que ha pasado estos años en que ha decrecido y lo más probable en los inmediatos.

Queda siempre el eterno problema, a pesar de los lentos avances de estos años, de un área monetaria que lejos de ser óptima presenta notables y numerosos elementos de debilidad frente a “shocks”. Esa debilidad estructural sigue ahí como siguen las diferencias entre unas economías (las “virtuosas” del Norte) frente a las “pecadoras” del Sur. Entre estas últimas el primer premio es, con diferencia, para Grecia, aupada como miembro de la zona por factores geoestratégicos más que económicos. Y eso se está pagando y, es de temer, que se seguirá pagando. El “show” no ha terminado, debe continuar.