FMI: nunca es suficiente

La misión del FMI pasó por España para su informe anual del artículo IV y dejó un mensaje doble: eleva su previsión de crecimiento del PIB a un 3.1% para este año (por encima de sus previsiones anteriores y de la del Gobierno) y recomienda nuevas medidas que suponen, en su núcleo central, “más de lo mismo”. Los dos temas, más crecimiento macro y más sacrificios para la mayoría, de la población son las dos caras de misma moneda.

La mejora macroeconómica de estos últimos meses (que hasta hoy no se ha filtrado a la mayoría y que no se sabe cuánto durará) está basada tanto en factores externos (expansión cuantitativa del BCE, depreciación del euro, rebaja del precio del petróleo) como en factores internos sintetizados en reformas como la laboral y en recortes que, en esencia, suponen trasvases de riqueza y, sobre todo, de rentas de unos sectores de la población, los más débiles, a otros con mayor poder. Baja la participación de los salarios en el ingreso nacional y aumentan los excedentes empresariales. Ese es el objetivo y la lógica de la denominada “devaluación competitiva”.

Se afirma que crece el empleo y es cierto pero el problema es el enorme deterioro del mismo. Un dato publicado ayer basado en estadísticas oficiales: uno de cada cuatro contratos que se firma duran una semana o menos (El País, 8 de junio). Crece también la afiliación a la Seguridad Social pero lo hace por el enorme número de trabajadores no indefinidos y a tiempo parcial. La cifra total es así un espejismo. El salario mínimo, estancado durante muchos años, es completamente insuficiente. España es uno de los cuatro países de la OCDE en el que hacen falta más de setenta horas semanales con ese salario para salir del umbral de la pobreza, según datos OCDE. Como es insuficiente el salario medio habiendo sido los famosos “mileuristas” de hace pocos años sustituidos por los “seiscientoseuristas”. Son los que en Estados Unidos se llaman los working poor que han llegado aquí y para quedarse mucho tiempo.

Ha crecido la desigualdad y, afortunadamente, el debate sobre la misma y sus consecuencias políticas, sociales y económicas está ya ahí porque es un asunto clave. Un dato: desde 2008 en España la renta del 10 % más pobre ha caído un 13 %, el cuádruple que la caída media. Hoy la renta media del 10 % más rico es catorce veces mayor que la renta media del 10% más pobre, cuando en la OCDE es nueve veces más. Es de suponer que, como es normal, la desigualdad en la riqueza es mayor.

Las medidas que propone la misión del Fondo son variadas y abarcan desde algunas de necesidad indiscutible (aumento del tamaño de las empresas, segunda oportunidad, capital de los bancos) hasta otras que suponen una nueva vuelta de tuerca en ese citado trasvase de rentas ( más desregulación del mercado de trabajo, aumento del IVA, copago en servicios esenciales). El FMI cumple su trabajo de recomendar e incluso se permite un último párrafo en su informe sobre la incertidumbre que generaría “una reversión de las reformas”. Verde y con asas y eso después de afirmar el jefe de la misión que él no es “experto en política”.