Íntegra, honesta y transparente

1. Mucho se ha especulado acerca de las razones de la abdicación del rey Juan Carlos. Quizá algún día se sepan. Tengo para mí que puede haber dos, entre otras. Una, su pérdida galopante de prestigio y de autoridad moral. La crisis integral unida al debilitamiento de la (sutil) censura y la autocensura en medios y opiniones han sido clave. Dos, las incógnitas abiertas por el resultado de las elecciones europeas sobre la correlación de fuerzas en el próximo legislativo nacional.

2. Plantear el dilema Monarquía-República comparando por ejemplo la república de Siria con las monarquías nórdicas o la república francesa con las monarquías del Golfo es absolutamente falaz. Como lo es presentar, como se hizo durante la dictadura franquista y muchos lo hacen ahora, la Segunda República como el Mal Absoluto. Esa república, que no es una sino varias durante su andadura, nació desde el día siguiente a su proclamación en una enorme crisis económica y, más decisivo, con la oposición de las derechas, a su cabeza los monárquicos (entre las muy abundantes publicaciones, véase por ejemplo el reciente libro, 2013, del profesor Eduardo González Calleja “Contrarrevolucionarios. Radicalización violenta de las derechas durante le Segunda República, 1931-1936″. Más que repetir trasnochados lugares comunes sería mejor conocer la historia de nuestro país y, por ejemplo, echar un vistazo a las monarquías del siglo XIX y sus resultados.

3.Pedir en estos momentos un referéndum sobre monarquía o república está fuera de la Constitución vigente. La legalidad debe respetarse guste o no. Lo que hay que hacer es seguir trabajando por una reforma constitucional o por un nuevo proceso constituyente, algo imprescindible dada la gran crisis institucional existente. En ese proceso debe ir incorporado el tema clave de la forma del Estado. Conviene recordar que ese asunto venía “empotrado” en la Constitución vigente y que su aprobación fue resultado de la especificidad de la Transición, caracterizada por el gran desequilibrio de fuerzas con los entonces denominados “poderes fácticos” internos y externos como grandes vigilantes. Era lo toma o lo toma. Échese además un vistazo a los requisitos exigidos en ese texto para cualquier cambio en este tema y se verá que es como una segunda edición del famoso “atado y bien atado”.

4. Con el nuevo Rey se abre una nueva etapa en la que sucederán cosas muy importantes para nuestro país y nuestra convivencia. A Felipe VI no se le pueden pedir ni esperar de él cosas que constitucionalmente no puede ni debe hacer. Sería un tremendo error por su parte y hay antecedentes peligrosos. Sus atribuciones no son las mismas que las de un jefe de Estado de una República. Por eso, además de por otras cosas, hablar de Monarquía republicana es ridículo.

Dos menciones muy importantes estuvieron ausentes en su discurso: corrupción y desigualdad. ¿Cuál es su opinión? Lo que sí se le puede pedir es el cumplimiento de las facultades que le otorga la Constitución así como de lo que manifestó en su reciente discurso ante las Cortes. Me quedo con una frase, para mí la más importante: “La Corona… debe observar una conducta íntegra, honesta y transparente… sólo de esa manera se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones”. Los ciudadanos debemos estar muy atentos y vigilantes para que eso, tan deteriorado en los últimos años, se cumpla de verdad. Pero ¿qué pasa si no se cumple? ¿Solo nos queda a los ciudadanos, que no súbditos, otra toma de la Bastilla?