Gobernar para las élites

Ese es el título de un recién publicado informe de la prestigiosa ONG Oxfam (www.oxfam.org) elaborado precisamente con motivo de la importante reunión anual, en Davos, de una selecta muestra de esas élites. Tan importante como el título es el subtítulo “Secuestro democrático y desigualdad económica”. Lo es porque relaciona dos conceptos, dos realidades que se influyen recíprocamente ya que son interdependientes. Esto no son abstracciones sino realidades y hay cada vez más datos que lo prueban en las democracias más acrisoladas y prestigiadas. A mayor desigualdad económica, mayor desigualdad política la que a su vez, vía políticas adoptadas, refuerza la primera.

Hay un primer hecho indudable que es “el aumento de la concentración de los ingresos y la riqueza en manos de unos pocos”. El informe aporta datos abrumadores en lo relativo al ingreso. Hay que decir que siempre la desigualdad es mucho mayor en lo relativo a la riqueza como lo prueba por ejemplo esos dos datos comparando poblaciones blanca y negra en EEUU. Un dato del informe: “Casi la mitad de la riqueza mundial está en manos de sólo el 1% de la población”. Desigualdad económica creciente en un proceso que se inicia en los ochenta con la globalización y “financiarización” de la economía mundial y que claramente tiene ganadores, unos pocos, y perdedores, la inmensa mayoría. (Hay mucho escrito sobre esto en EEU. Al lector interesado recomendamos Winner-take-all politics de Jacob S.Hacker y Paul Pierson.)”. Interesa destacar un primer efecto de esto que es el aumento de las tensiones sociales. El propio Foro Económico Mundial en noviembre de 2013, y así lo recoge este informe de Oxfam, situaba este aumento de la desigualdad como “la segunda mayor amenaza mundial de los próximos 12 a 18 meses”.

Segundo efecto: la desigualdad, que fue una de las causas del desastre financiero que se inicia en EEUU en 2007, es también un obstáculo claro para la recuperación y para un crecimiento económicamente sostenible. Los recortes presupuestarios, el alto nivel de paro, los salarios menguantes, las malas expectativas, todo ello perjudica a la inmensa mayoría y daña gravemente su capacidad de ahorro y de consumo. En síntesis, una mayor igualdad es rentable económicamente.

Tercer efecto, el político y aquí el informe entra en un territorio menos explorado, hasta hora. Afirma que “la desigualdad económica extrema y el secuestro de procesos democráticos por parte de las élites son demasiado a menudo interdependientes… los gobiernos sirven abrumadoramente a las élites económicas en detrimento de la ciudadanía de a pie”. Esa interrelación entre falta de democracia económica y política, algo inexistente para muchos teóricos y políticos, ya había sido señalada años atrás en EEUU por un profesor tan prestigioso como Robert A. Dahl. Hace poco, otro profesor, Larry M. Bartels, ha publicado un libro que demuestra como los legisladores de ese país atienden abrumadoramente a las peticiones de sus electores más ricos. Su título es claro, Unequal Democracy.

El informe recuerda muy oportunamente la famosa frase del que fue juez del Tribunal Supremo Louis Brandeis “podemos tener democracia, o podemos tener la riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas”. Muchos años atrás, dos filósofos que hoy parecen volver, Karl Marx y Friedrich Engels, afirmaban algo parecido: “Hoy, el Poder Público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de Administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa” (Manifiesto del Partido Comunista, 1848). Sólo con mucha mayor igualdad en la distribución de la riqueza y la renta cabe pensar en una democracia auténtica. Entender este mensaje y que lo haga suyo la ciudadanía es clave.