Más recortes en las pensiones

El recién entregado informe de la denominada comisión de expertos (algunos, cuánta exageración, la denominaban “de sabios” como si nos sobrasen) y que se comenzaba a debatir este martes en el seno del Pacto de Toledo presenta claros indicadores de por dónde van los disparos. Primero, la composición de la misma, integrada por “independientes”. Pero independientes ¿de qué o de quien? ¿Lo son porque no militan en partido político? Pero ¿no tienen ideas, creencias, intereses, incluso ideología o todo eso que tiene el común de los mortales se lo dejan en el perchero al entrar a la reunión? Recordemos que la mayoría viene de o trabaja en el sector financiero o asegurador. Segundo, la única propuesta que se discute parece ser esa a la que se añaden matices y esa cláusula final de estilo que remite a instancias políticas la decisión final. Faltaría más. Tercero, el tiempo de elaboración del informe es poco más de un mes. En un tema central como este en un país serio se hubiese constituido una comisión con largas y numerosas comparecencias y un libro blanco como colofón y, a partir de ahí, el debate político. ¿Hay razones para tanta prisa? Se nos responderá: imposiciones, que no recomendaciones, de Bruselas. Pero ¿no hay manera de discutir esa imposición y tratar de hacer bien las cosas? La reforma en curso de hace sólo un par de años reduce la cuantía de las pensiones. ¿Hace falta otra vuelta de tuerca y que entre en vigor inmediatamente?

El marco del debate (el famoso “frame” que da la ventaja a quien lo delimita) lo define muy bien el diputado de UPyD, Alvaro Anchuelo, en su blog con una pregunta- trampa: “¿Considerado como inalterable el sistema vigente, de qué forma podemos hacerlo sostenible?”. La respuesta es sencilla y la deja clara el informe. Pero no todo son los números “que son los que son y entonces las cuentas no salen”. Pero ¿cuántas catástrofes no cumplidas se han previsto años pasados sobre la no sostenibilidad del sistema que no se han cumplido? Las previsiones demográficas pueden valer pero no a muchos años vista. Las macroeconómicas son incluso mucho menos fiables.

La Constitución en su artículo 50 establece una obligación de los “poderes públicos “en este asunto. Al establecer esa garantía y obligación se deduce que la financiación de las pensiones no es algo que debe depender sólo de las cotizaciones sino que siempre debe existir el recurso a la Hacienda Pública. Es pura y simplemente un tema de opción, de decisión política. Si se renuncia a esa opción entonces la respuesta a esa pregunta-trampa es una y sencilla: hay que rebajar (más) las pensiones. Con un corolario fácil: el que pueda ahorrar que vaya a fondos de pensiones o a otros instrumentos bancarios y aseguradores. Pero ¿y los muchos, muchísimos que no pueden ahorrar? Pues ahí nos viene a la memoria aquella inmortal frase en el hemiciclo del Congreso de una diputada del PP.

Lo más importante: este es un tema donde cuentan los números pero los números no son lo más importante. Es un tema político, de opciones porque además los números en economía y en la vida real no son siempre exactos. Como dijo W. Leontieff, el creador de las tablas “input-output”: “Una sociedad se distingue de otras por el trato que da a sus ciudadanos más débiles”. De eso se trata aquí.