La estrategia nacionalista de la tensión

La acción nacionalista catalana, concretamente de CiU, responde a una estrategia de la tensión que incluye dos elementos: el victimismo y la provocación. El primero de ellos, de larga data, es inherente, con mayor o menor intensidad, a todo nacionalismo. El segundo es mucho más reciente y se refuerza con el acuerdo con ERC.

No es fácil establecer en complejos procesos sociopolíticos un punto de inflexión. Pero en la estrategia nacionalista de la tensión sí cabe establecer ese punto (un auténtico “tipping point” tal como los caracteriza Malcolm Gladwell) en la manifestación del pasado 11 de septiembre y en la declaración solemne del día después del presidente Mas. A partir de ahí entramos en una nueva etapa que termina en su victoria/ derrota electoral que abre paso a la actual basada en el pacto de gobierno con ERC.

El victimismo es un elemento constante. Crear un enemigo exterior al que siempre se piden cosas en un proceso interminable y al que se echan las culpas de los errores propios forma parte de la esencia del nacionalismo. La crisis integral española (lo que incluye la catalana, incluso más grave) es una buena oportunidad para atacar a “Madrit” por sistema para ocultar la doble lacra de los errores propios en política económica y la gran corrupción. Como recuerdo más inmediato y otra causa más de agravio, la sentencia del Tribunal Constitucional invalidando algunas partes de un Estatut aprobado en referéndum por un escaso tercio del censo, cifra que se oculta cuidadosamente.

La estrategia de la tensión incorpora ahora un elemento nuevo que es la provocación al Gobierno y a la institucionalidad nacional (de la que la catalana es parte) mediante decisiones cada vez más en el límite de la legalidad vigente, seguramente sobrepasando ese límite en ocasiones. Se trata de ir tanteando el terreno y de ver cual es la respuesta de Madrid para, en función de eso, ir o no más decididamente adelante. Desde la declaración contraria a la Constitución de que la soberanía reside en el pueblo catalán hasta lo más osado, un programa para ir de manera inmediata construyendo ese Estado catalán lo que incluye, entre otros, un banco público, una agencia tributaria propia, una justicia con su última instancia, una reiterada negativa a aplicar las sentencias en materia de libertad de enseñanza en materia de lengua. Camino en el que el gobierno catalán parece decidido a seguir y en el que sin duda habrá conflictos muy serios con el gobierno de la nación.

Son muchas las consideraciones que merece este proceso. Indiquemos tres aquí. Una, el gran daño hecho ya por la deslealtad, ahora aumentada, del nacionalismo catalán. Dos, la suicida posición de un PSC que, ante una crisis de esta envergadura, se declara absentista y afirma “que no pondrá palos en las ruedas” a lo que vaya decidiendo el gobierno Mas lo que quiere decir que no es absentista. De continuar en esa posición, sus votantes los castigarán más duramente que hasta ahora. Tres, el abrumador silencio de la burguesía catalana y del pequeño empresariado. Parece que sólo ha empezado a quebrarse tímidamente cuando el tema alza de impuestos ha salido a la palestra. Hasta ahora solo prima la fuerza de la simbiosis entre gobierno otorgador de prebendas y esas clases receptoras o extractoras de las mismas. Ese anuncio de alzas impositivas nos puede situar en un nuevo escenario de alianzas.