Creo que Obama va a ganar

Mi opinión: ganará Obama. Hace un par de meses pensé que ganaría por goleada (lo que allí se llama un “landslide”) pero hoy me parece que lo más probable es una victoria raspando. Incluso pude darse el caso de una victoria en el Colegio Electoral y una derrota en el voto ciudadano. El punto de inflexión en las encuestas que hasta entonces, en su mayoría, pronosticaban una amplia victoria de Obama se produjo tras el primer debate en el que, unánimemente, le derrotó Romney. Estos debates televisivos son importantes porque tienen audiencia y porque influyen en el porcentaje de electores, del orden de un cinco por ciento, que deciden en elecciones apretadas.

Las encuestas a la fecha (el lector interesado puede consultar un amplio resumen diario de las mismas en www.realclearmarkets.com) muestran la diferencia punto arriba punto abajo entre ambos candidatos. Así, los llamados “Swing States”, apenas una decena con Ohio a la cabeza serán, como otras veces, decisivos. En esa decena de estados se concentra el abundante dinero (más de dos mil millones de dólares, récord absoluto) y el esfuerzo de ambos candidatos y sus equipos. En el resto no vale la pena, está todo el pescado vendido.

Obama parece conservar ventaja en sus segmentos de hace cuatro años. Aunque debilitada (ha decepcionado a muchos, especialmente a los liberales, llamados socialdemócratas en Europa, pero son poco numerosos, por promesas incumplidas, algunos afirman que ha aplicado políticas de Bush mejor que Bush) sobre todo por la mala marcha de la economía, aunque la muy reciente bajada del paro le puede beneficiar. Esos segmentos son mujeres, afroamericanos y latinos, estos últimos una fuerza creciente aunque mucho menos de lo que indica su número total de unos cincuenta millones porque los censados son muchos menos y los que votan menos todavía.

La fuerza de Romney está sobre todo en los varones blancos de clases medias y bajas (los “white working poor”, trabajadores blancos pobres que odian, reflejo de un país profundamente conservador, a todo lo que les huela a “liberalismo” como por ejemplo refleja magníficamente el libro “Deer hunting with Jesus” de Joe Bageant), en la mayoría de los evangélicos (no necesariamente todos, una parte de ellos están girando a posiciones menos reaccionarias, alejadas del “Tea Party”). Hay también y todavía en demasiadas porciones de la nación un racismo latente que lleva a muchos a proclamar que Obama no nació en Estados Unidos y que en ningún caso van a votar a un presidente negro. Demasiado para una parte de la “América Profunda”.

Cada vez más el dinero juega un papel decisivo en la democracia americana. Demasiado porque ese dinero es, en su práctica totalidad, de origen privado y sobre todo de las grandes corporaciones y grupos de interés, los “special interest” que exigen el pago de sus servicios y condicionan la agujereada democracia. Esa democracia que tiene aspectos admirables pero que tiene otros, como éste y no es por supuesto el único, menos admirables y poco conocidos. El peso del dinero ha crecido en esta campaña con una sentencia de hace un par de años del Tribunal Supremo que permitió práctica barra libre, eliminó la artificial distinción entre “hard” y “soft money” para financiar campañas e hizo posible la aparición de los “SuperPacs” con ingentes cantidades de dinero.