Devaluación interna y desigualdad creciente

El tipo de cambio de una moneda es un elemento clave en cualquier economía. La política de tipo de cambio, esto es las decisiones que se tomen o se dejen de tomar por el gobierno o autoridad cambiaria de turno respecto del mismo, es un instrumento fundamental de toda política económica o incluso de la política de cualquier país. Más aún: a veces, por lo menos hace tiempo, de su prestigio.

La historia económica de nuestro país, especialmente desde el Plan de Estabilización de 1959, giro copernicano desde la autarquía franquista hasta la apertura (solo económica) por la tecnocracia del Opus Dei, es clara muestra de ello. Ese giro copernicano tiene como medida clave, por supuesto no la única, la fijación de un nuevo y único tipo de cambio de la peseta frente al dólar. Ese nuevo tipo de cambio supuso una importante devaluación de la peseta buscando mayor competitividad-precio en la exportación y un encarecimiento relativo de la importación de bienes así como un elemento de atracción del turismo y de la inversión exterior. Hasta la adopción del euro, la devaluación de la peseta ha sido política recurrente en nuestra economía. Las últimas, tres devaluaciones respecto del marco alemán tras una entrada, con un tipo de cambio fuera de toda lógica, en el Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo.

Como es bien sabido, hoy esta posibilidad no existe. Los necesarios ajustes se han de hacer por otros caminos. Es ahí donde aparece el concepto de la denominada “devaluación interna”. Desde la adopción del euro, la economía española ha sufrido una notable pérdida de competitividad-precio, estimada entre un veinte y un treinta por ciento. La devaluación “tradicional” debe ser sustituida por una compresión equivalente en costes y en precios finales y eso es lo que está ya ocurriendo.

Los datos de la evolución de salarios y de los convenios hasta septiembre así lo indican. A esa fecha, el IPC ha aumentado un 3.4 por ciento en tasa anual mientras que los salarios pactados en convenio lo hacen el 1.3 por ciento, diferencia que no se daba desde hace veinticinco años. También están en mínimos récord los convenios pactados este año. Está claro que la profunda recesión (con la destrucción de puestos de trabajo y el temor a perderlo) y la reciente reforma laboral están produciendo el efecto lógico de un gran desequilibrio en las relaciones laborales entre empleadores y empleados en favor de los primeros. Al fin y al cabo eso es lo que busca esa reforma laboral: aumento del excedente empresarial, algo recogido ya por las últimas cifras de la contabilidad nacional trimestral y que ha llevado al Banco de España a llamar la atención sobre los márgenes empresariales. Importante porque la competitividad-precio en los mercados de bienes, el interno y el internacional, depende no tanto de los costes laborales (de los que el salario es un sumando) como de los precios finales (en los que cuenta ese beneficio empresarial). Dicho de otra manera: no cuenta tanto ese citado 1.3 por ciento como esa otra cifra del 3.4 por ciento.

Este proceso de devaluación interna, que supone en esencia trasvases de renta de unos sectores a otros o sea de unas personas a otras, busca en síntesis eso que se llama una economía más competitiva. Entre otros efectos, está dando lugar a un aumento claro y rápido de la desigualdad en nuestro país. Hay muchos indicadores que lo demuestran, el último la encuesta anual de Condiciones de Vida publicada ayer por el INE. De la desigualdad hablaremos otro día.

6 comentarios
  1. Gozaimasu says:

    ¿El atentado ” islamista ” de Paris es ” falsa bandera” y el 11M no?

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