Con Grecia, en la cola

Equivocarse, equivocarse también lo hace el Fondo Monetario Internacional. Lo hace en sus previsiones económicas y también en sus diagnósticos y recetas y, desde su creación, con esas recetas, (“one size fits all” , algo sí como “lo que vale para uno vale para todos”) fue sembrando de cadáveres su camino, concretamente entre lo que antes se llamaban países subdesarrollados y luego en vías de desarrollo. En algunos de ellos, la sola mención del Fondo causó enormes disturbios populares y muchos muertos. Y siempre, un odio similar al que despierta Ms. Merkel en Grecia.

Con la actual crisis, esta institución prácticamente desahuciada, ha sabido reconvertirse y transformarse en pieza clave en el tratamiento de las dolencias que afligen a los llamados desarrollados, sobre todo algunos de los integrantes de la UE y adyacentes.

Un ejemplo: hace un año, en la asamblea de otoño de 2011, esta institución previó un crecimiento para la economía española en 2013 del 1.8%. Ha leído Vd. bien. Ayer previó un decrecimiento ( no un “crecimiento negativo” como dicen los amantes de eufemismos) en el PIB para ese mismo año del 1.3%. ¿Nos fiamos más de esta previsión que de la del gobierno de una caída del 0.5% ? Pues va  ser que parece más válida la primera visto lo visto como va el presente año y, sobre todo, que el grueso de analistas, locales y foráneos, optan por descensos en ese entorno o mayores. Ese decrecimiento que prevé el Fondo nos sitúa en el penúltimo lugar de los 105 países analizados. Detrás nuestro, solo Grecia. No es un buen presagio.

El asunto no es baladí porque la previsión macro sirve de base a un complejo edificio en el que se integran desde los presupuestos generales hasta los famosos objetivos de cumplimiento del déficit público en términos de PIB.

Si los cimientos fallan, todo el diseño se puede venir abajo. Este es el caso que nos ocupa, algo que no contribuye precisamente a mejorar ese activo intangible y tan fundamental en un país como es la confianza, interna y externa.

Si la economía decrece más de lo previsto en el cuadro y presupuestado, permaneciendo constantes todos los demás elementos, la recaudación será menor que presupuestada y los gastos aumentarán sobre lo previsto. Sin duda que, ante esa situación, el gobierno optará por nuevos recortes en el gasto. Dado el multiplicador fiscal a corto analizado por el Fondo eso producirá una caída mayor de la producción con lo que un déficit absoluto igual será proporcionalmente mayor ( esto es lo que ha pasado en 2010 al revisarse por el INE ligeramente a la baja el crecimiento hasta entonces estimado del PIB).

A estas alturas, la probabilidad de cerrar el presente año con el objetivo de déficit para el Estado y el conjunto de las AAPP parece, por decirlo caritativamente, muy remota. El propio Fondo prevé un déficit del 7%  (excluyendo el ‘por una vez’ saneamiento bancario que se estima en el 1.1%) para este año y del 5.7 para el 2013. El famoso 3% se alcanzaría en 2017. Realmente, esta última previsión no vale la pena tenerla en cuenta.

Presupuestos generales de fantasía ha habido muchos en la reciente historia española. Tradicionalmente la liquidación se parecía poco al proyecto aprobado. La tendencia sigue, el voluntarismo y la fantasía se imponen. Sólo que ahora este tema es mucho más importante que antes.