Lo de “fer país”

Leo en El País de ayer martes que el ministro de Educación, José Ignacio Wert, dijo en una entrevista que “hay algunas evidencias” que relacionan el crecimiento del sentimiento independentista en algunas comunidades autónomas “con la dirección que ha llevado el sentido educativo”. Parece claro que el ministro se refiere a la enseñanza en comunidades autónomas con predominio o influencia nacionalista y, más concretamente en este caso dada la actualidad del tema, a Cataluña.

Así parece haberlo entendido el gobierno de la Generalitat porque, según el mismo medio, su portavoz calificó de “grave” esa asociación entre ese sentimiento y las competencias educativas e instó al ministro a aclarar cuáles son “esas evidencias”.

No puede sino causar sorpresa esta respuesta por el aire de casi indignación que se desprende de la misma cuando ese portavoz debería haber expresado su satisfacción por ese hecho. Hace escasas fechas, el expresidente Pujol decía que el auge del nacionalismo, hoy trastocado en muchos de los dirigentes de su partido y, eso sí, en muchísimos menos ciudadanos en independentismo, ese “fer país” desde el comienzo del proceso autonómico y de la “normalización” e “inmersión”, ha tenido como fundamento una trilogía que él define claramente: bandera, educación, lengua.

Todo nacionalismo, lo estamos viendo hoy claramente, aparte de ensoñaciones, recreaciones históricas (incluso geográficas), victimismo y apelaciones románticas al pueblo y su alma, entiende perfectamente y lo aplica tenazmente que esa trilogía es algo absolutamente clave para intentar hacer realidad eso de “nosotros” y “ellos”.

Ese “fer país”, esa construcción nacional pasa, entre otras cosas, por lavar el cerebro de los niños y los jóvenes, años atrás con reescrituras de la historia del “País de Nunca Jamás” que hace poco cumplió un milenio hasta lo más nuevo y más sencillo de entender y de asimilar, eso de “España nos roba”, copia burda de “Roma nos roba” de la Liga Norte italiana. Ni en eso son originales.

Quien siembra vientos recoge tempestades. Se está recogiendo el resultado de años de incuria, de mirar para otro lado por parte de los gobiernos centrales tanto del PSOE como del PP. Se ha dejado a los nacionalistas y a los “asimilados” (más papistas que el Papa) hacer y deshacer, no cumplir leyes y sentencias, discriminar internamente (los “mozárabes” a los que se refería Joaquín Leguina en un gran artículo hace días), aplicar esa máxima del nacionalismo de ” lo mío es mío, lo tuyo es de los dos”.

No nos extrañemos de lo que está pasando. Reconozcamos que hay un problema que no se resolverá mirando para otro lado, tendencia natural del gobierno Rajoy.) Hay que encararlo con voluntad de diálogo por supuesto pero, también y más importante, con firmeza y con la fuerza de la ley frente a esos evanescentes “mandatos de la calle y del pueblo”.

Una apuesta final: Mas nunca pronunciará la palabra “independencia” ni esa palabra irá en el programa electoral de su partido en noviembre.