El caso Assange o los árboles y el bosque

El gobierno del Ecuador acaba de informar oficialmente la concesión de asilo para Julian Assange con lo que este caso entra en una nueva etapa más compleja y de desenlace muy difícil de prever.

Recordemos sucintamente los hechos. Assange es el creador e impulsor de Wikileaks y, a través de este medio y de una serie de periódicos de gran prestigio en países occidentales, difundió cientos de miles de documentos, muchos de ellos secretos y referidos a actuaciones sobre todo del gobierno de Estados Unidos. Esos documentos, de valor muy desigual, a pesar de ser minusvalorados por mentes bienpensantes y voces altisonantes, tenían la indudable importancia de ofrecer un atisbo de cómo se comportan determinados gobiernos especialmente en temas internacionales. Su interés era indudable porque permitían atisbar una parte de eso que se llama “las alcantarillas del Estado”.

La respuesta de la administración Obama muestra que el asunto es trascendente para la misma. El presunto “facilitador” de los documentos , el soldado Bradley Mannig, está recluido en una prisión secreta en Estados Unidos privado, según sus abogado, de toda garantía. Julian Assange esta acusado de traición y espionaje , cargos para los que es posible la pena de muerte en ese país.

La argumentación que ofrece la nota oficial ecuatoriana para la concesión de asilo, en contra de todas las presiones que ha recibido del gobierno británico a la cabeza ( un gobierno de ese país dejó irse tranquilamente hace años a Pinochet), es impecable. La extradición de Assange a Suecia es un paso intermedio para su extradición a Estados Unidos. Una vez allí, el proceso, si es que se produjera, no tendría las mínimas garantías y el fallo final sería o la pena de muerte o la reclusión en una de las prisiones de alta seguridad características de un sistema penal como el nortemericano, sin duda el más brutal del mundo occidental. A la mayor parte de la opinión pública de ese país le parecería muy bien ese desenlace al tratarse de un tema que se le ha vendido como de “seguridad nacional”. Al propio Obama, quien sigue mantenido Guantánamo y que emplea cada vez más aviones no tripulados (“drones”) para asesinatos selectivos (con su correspodiente cuota de víctimas civiles), le vendría bien esa posición de fuerza siempre exigida por un país eminentemente conservador de su “Comandante en Jefe” sobre todo si se trata de un político demócrata.

Assange ha cometido un grave error en su desigual lucha por la información libre: enfrentarese al país más poderoso del mundo que no admite bromas en estos temas y para el que cuando la ley internacional es un estorbo, la ignora. Extraditar a Assange a Suecia es sólo el primer paso para terminar en Estados Unidos. Ese es el meollo de la cuestión. No dejemos que los árboles nos impidan ver el bosque.