Los 100.000 millones no son gratis

El que, en su momento (tampoco hace tanto tiempo, del orden de cuatro años), fue definido por el entonces presidente Zapatero como el sistema financiero más fuerte del mundo está ahora empezando a mostrar la verdadera dimensión de su catástrofe. Para ser justos, más que del sistema financiero en su conjunto incluyendo bancos y cajas, debemos hablar sólo de éstas últimas pues es en las mismas donde ese desastre está concentrado. Lo que suponía la mitad del sistema financiero está pasando a la historia para alegría de los bancos que, año a año, veían como les reducían cuota de mercado.

Responsables de ese desaguisado haberlos, haylos. Otra cosa diferente es que los propios implicados estén dispuestos a perseguirse a sí mismos algo harto improbable. Los gobiernos autonómicos PP y PSOE ocuparon las cajas con el consentimiento del gobierno central de turno, las hicieron suyas y mediante políticos en sus consejos y paniaguados pretendidamente técnicos en sus presidencias consumaron el saqueo bajo la mirada complaciente del supuesto regulador y supervisor, el Banco de España. No hay que esperar nada de comisiones parlamentarias de investigación que no se constituirán, ni del fiscal general del Estado que hará como que hace. Sólo quedan iniciativas ante los tribunales como la querella criminal presentada ayer en la Audiencia Nacional por UPyD. ¿Confiamos en la justicia? Confiemos en la justicia aunque con un obligado cierto escepticismo.

La última cifra, por ahora, de la dimensión del desastre que recaerá como siempre, al menos en gran parte, sobre las espaldas de los contribuyentes es la de los cien mil millones de euros del pasado fin de semana. Rescate, ayuda o lo que sea, el nombre es lo de menos. La cantidad no es gratis sino que lleva aparejada en sus tramos de desembolso una condicionalidad no sólo financiera (basta leer el quinto párrafo del comunicado del Eurogrupo). Supone esto de un lado la certificación de un estrepitoso fracaso político y económico de esa Marca España que algunos quieren pasear por el mundo como ejemplo no se sabe bien de qué en estos momentos. De otro, la certeza de que nuestros problemas no están en vía de solución porque no residen sólo en el sistema financiero. Son más profundos. Por citar sólo algunos. Un sistema fiscal cada vez más insuficiente en su recaudación además de injusto, aderezado con cada vez mayor evasión. Unas administraciones autonómicas y locales que son una caja de sorpresas con gastos al parecer incontenibles. Un sistema educativo deficiente en todos sus niveles. Una economía escasamente productiva y poco competitiva que no es capaz de crear puestos de trabajo más en tiempos de nulo o mínimo crecimiento como los años que vienen. Una economía por lo tanto incapaz de pagar sus deudas. Y al fondo de todo, una unión monetaria construida arbitrariamente y que no funciona ni puede funcionar con su actual diseño y con sus deficientes mecanismos de decisión.