Bankia como síntoma

El terremoto financiero que padecemos y que no ha terminado se ha llevado por delante, de momento, a la mayoría de las Cajas de Ahorro. Principales responsables: de un lado, las autoridades autonómicas de la comunidad correspondiente que “okuparon” esas entidades, nombraron a una gran parte de sus rectores, desde las asambleas generales hasta los consejos de administración y los principales ejecutivos. Muchas veces pusieron al frente de las mismas a personajes fieles que no tenían ni la más mínima idea del negocio pero sí en muchos casos como hacerlos en favor propio o de los suyos. La “okupación” por parte de esas autoridades autonómicas se concretó además en utilizar a esas entidades como brazo ejecutor de inversiones o préstamos disparatados, desde ladrillo hasta aeropuertos y locas aventuras fuera de nuestras fronteras. Detrás de todo ello, PP y PSOE responsables máximos de esta politización de esas entidades, hasta entonces fundamentales en nuestro sistema financiero. (La banca celebra la eliminación de esa competencia.) De otro lado, responsabilidad en los supuestos órganos reguladores y supervisores, desde el ministerio de Economía hasta, destacadamente, el Banco de España. En el caso de Bankia, la Comisión Nacional del Mercado de Valores al permitir la salida a bolsa de un “zombie” como Bankia. A no olvidar finalmente unos autores hasta ahora en segundo plano pero que merecen salir al proscenio: las grandes empresas auditoras que nunca objetaron nada.

El coste total de esta desastre no se puede medir solo en las cantidades (que suben día a día) necesarias para el rescate. Esas cantidades pueden superar, en hipótesis optimista, los cincuenta mil millones de euros. Si lo ponemos en pesetas, como hay más ceros, la suma impresiona más: del orden de ocho billones de pesetas. El doble del subsidio de desempleo, el quíntuplo del ahorro previsto en sanidad y educación en el último recorte. Pero además de ese coste directo hay uno indirecto representado en el golpe demoledor que todo esto supone para la economía del país y para la escasa confianza que suscita afuera. Este coste es, sin duda, mucho mayor.

¿Hay alguien ahí? ¿Hay algún responsable? Hasta el momento parece que nadie. El Fiscal General comunicó apertura de diligencias hace unos días (meses después de lo de la CAM, por ejemplo) y excluyó a Bankia. En el plano político, PP y PSOE no quieren una comisión parlamentaria de investigación. Lógico porque, como ha señalado Rosa Díez de UPyD, tendrían que comparecer Rajoy y Rubalcaba. Abierta la caja de Pandora de las cajas, el escándalo tendría como principales actores a esos dos partidos y eso es lo que tratan de evitar.

La indignación popular sigue y seguirá creciendo si no hay un escarmiento, algo poco probable. Mientras tanto, lo de Bankia y otros casos como por ejemplo, no son los únicos, Bancaja, Banco de Valencia, Cataluña Caixa y la CAM quedan como grandes monumento de vergüenza en nuestro país y como síntoma y manifestación , una más, de mentira, corrupción, desfachatez, impunidad y saqueo de fondos de los contribuyentes. La vida sigue…