Austeridad, crecimiento

El planteamiento de que la austeridad por sí sola provoca el crecimiento de la economía está siendo desacreditado por los hechos. Un reciente estudio por investigadores del Fondo Monetario internacional sobre 173 casos de austeridad fiscal en países desarrollados entre 1978 y 2009 muestra que las políticas de austeridad aplicadas fueron seguidas por contracción económica y crecimiento del desempleo. Más cercana y bien conocida, la experiencia griega confirma, de manera brutal, lo anterior.

Está claro que lo que se denomina “austeridad expansiva” no funciona. Su planteamiento lo hemos escuchado en los meses previos a las últimas elecciones. Se resume así: llega Rajoy y uno, su propia presencia restablece algo imprescindible como es la confianza en nuestro país. Dos, igualmente importante, la política de austeridad a rajatabla, concretada en recortes al gasto público para cumplir el calendario de la unión monetaria, reforzará la confianza, los “animal spirits” cambiarán y crecerán la inversión y el consumo. Pasaremos así del círculo vicioso en el que estamos empantanados al círculo virtuoso de la felicidad.

Parece claro que las cosas en la vida real son más complicadas. Por eso, poco a poco se va abriendo paso tanto en dirigentes políticos europeos como en formadores de opinión el convencimiento de que la austeridad a rajatabla y a palo seco no es “la solución”. Y aparece un nuevo mantra: el crecimiento. Pero atención porque no se habla de lo mismo cuando parece que se habla de lo mismo. Para unos, el crecimiento pasa por estímulos a la demanda tanto en los países superavitarios y con margen en la UE (Alemania a la cabeza destacadamente, fijando objetivos de inflación ligeramente más altos y admitiendo mayores alzas salariales) como a nivel global europeo, especialmente con planes en inversiones públicas vía BEI y otros. Para otros, ese crecimiento pasa exclusivamente por políticas de oferta con reformas que posibiliten mejoras de productividad. Diferencias importantes de fondo y en los tiempos, más rápidos en las políticas de demanda. Por ello, mejores porque la urgencia es fundamental dado el estado comatoso y con tendencia a peor de la economía europea. En ambas posturas, parece haber acuerdo en algo también muy importante como es el suavizar el calendario de déficits públicos al menos para los países con mayores dificultades, entre ellos España.

Así parece estar las cosas. Lo acordado en la reciente reunión del G8 es poco más que nada. Una vez más, golpear la lata calle abajo, patada a seguir. Mientras tanto, la tormenta europea sigue y las amenazas crecen.