La Eurozona y la democracia

La pregunta correcto no es si puede la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) seguir imponiendo su brutal disciplina a los ciudadanos griegos, condenándolos a una depresión que dura y durará muchos años y a una vuelta atrás en bienestar y derechos sociales. La pregunta correcta es si el gobierno alemán y su Canciller Angela Merkel puede hacerlo (al fin y al cabo, esa citada Troika no es sino el mero ejecutor de esas decisiones.) La respuesta es claramente afirmativa. Lo estamos viendo y lo seguiremos viendo hasta que, hipótesis no descartable, los griegos lleguen a la conclusión de que los inconvenientes de abandonar el euro son menores que los actuales y previsibles de seguir en el área.

La presente crisis europea está sacando a la luz tendencias enormemente preocupantes. No se trata sólo de ese famoso “déficit democrático” en la construcción europea del que se hablaba hace años. Déficit ejemplificado sobre todo en los crecientes poderes de una Comisión no elegida democráticamente y en un Parlamento inane hasta su última reforma e irrelevante actualmente. Déficit político acompañado de una Unión Europea pilotada y supervisada por los grandes poderes económicos con mínimo o nulo peso de lo social. Recuérdese aquello hoy olvidado de “la Europa de los mercaderes frente a la de los ciudadanos”.

Hoy todo eso parece profundamente democrático en comparación con lo que tenemos y lo que nos aguarda en un futuro muy inmediato. Merkel, no Merkozy, da las órdenes y al parecer amenaza con enviar a Grecia un plenipotenciario, un “Gauleiter” con plenos poderes. No hay opción a una permanente política de recortes que no está salvando a Grecia y a otros países de la zona sino que los está condenando. Las autoridades europeas, Consejo Europeo, Consejo de Ministros, Comisión y Parlamento son meras compresas que miran hacia otra parte y no rechistan mientras la eurozona camina a un suicidio colectivo. El deterioro democrático acompaña al económico y al lógico aumento del conflicto social. Hay más ejemplos. La única advertencia seria que las autoridades comunitarias hacen al gobierno húngaro por su clara deriva antidemocrática es que su banco central no es independiente. Es decir, el deseo es que, como ocurre en la mayor parte de países de la Unión, no responda ante las autoridades políticas democráticamente elegidas. Los borradores del llamado pacto fiscal comunitario suponen llevar a un tratado esquemas automáticos para tomas de decisiones tratando de eliminar las decisiones de los políticos, esos seres malos por naturaleza aunque hayan sido democráticamente elegidos. Llegaremos a definir un modelo matemático que se introducirá en un ordenador y será éste quien tome las decisiones de política económica en cada momento. Los políticos y la política, a casa. Puede todo esto parecer exagerado pero por ese camino antidemocrático vamos, con la Unión Europea, otrora ejemplo de democracia y derechos humanos y sociales, a la cabeza.