De mal en peor

En este comienzo de año todo indica que las cosas, al menos en la UE, irán peor que en el recién transcurrido. Repasemos algunos hechos destacables.

Cada nueva revisión de previsiones del comportamiento del PIB es siempre a peor. La probabilidad de recesión estadística (dos trimestres seguidos de no crecimiento), es cada vez mayor en los países centrales de la Unión. (Fuera, lo único estimulante es la continuación del crecimiento de los emergentes, las mejores noticias en Estados Unidos y un comercio internacional relativamente activo.) En el terreno financiero, sigue coexistiendo una abundante liquidez con una absoluta reticencia de los acreedores a prestar a determinados deudores, soberanos o no, en los que, con razón o sin ella, eso es ya lo de menos, perciben riesgo excesivo. Así de un lado, Alemania cobra y no paga en el mercado primario por colocar su deuda, como ocurrió anteayer por vez primera. Y de otro, la mayor parte de las entidades financieras que han acudido a las últimas macrosubastas de fondos del BCE, los recolocan allí perdiendo dinero en vez de canalizarlos al interbancario y a los sectores de la economía real. Sigue así el “credit crunch” y mientras exista no hay posibilidad de reactivación económica.

Se está entrando en el suelo de la temida “L” al igual que lleva la economía japonesa durante cerca de veinte años. La austeridad a ultranza, resultado de un ajuste sin duda excesivamente rápido, está produciendo lo normal que es la contracción económica que, a su vez produce más desconfianza, retirada o encarecimiento de los necesarios préstamos y vuelta e empezar. Se demuestra una vez más que la llamada “austeridad expansiva” es sólo una ficción teórica. La realidad es la que estamos viendo, por ejemplo en Grecia, condenada a una suspensión de pagos desordenada y, más que probablemente, a una salida del euro. Sin crecer, no se pueden pagar las deudas.

¿Nos miramos en el espejo de Grecia? Está claro que un recorte como al parecer se prepara, entre ingresos y gastos, del orden de unos cuarenta mil millones de euros lo que producirá no es un estancamiento ni una suave recesión sino una caída de nuestro PIB superior al dos por ciento y un aumento correlativo del paro y la miseria. Ha habido en nuestra reciente historia económica situaciones parecidas pero con una sensible diferencia hoy poco recordada: la posibilidad de modificar el tipo de cambio, concretamente una devaluación. En la crisis del 92-93 la salida del túnel comenzó tras cuatro devaluaciones de la peseta.

No cabe pensar en medidas unilaterales de estímulo salvo las siempre mentadas reformas estructurales que tienen por lo pronto un grave inconveniente: lentitud en aplicarlas y en sus efectos. Sólo caben medidas reactivadoras a nivel comunitario y ahí los países con superávits y excesos de ahorro tienen la responsabilidad. Alemania, destacadamente a la cabeza. Pero Alemania se embarcó y continúa con su política deflacionista y arrastra a toda la unión. El leve cambio de énfasis que parece apuntar tímidamente la reciente reunión Merkozy es solamente un ligero matiz. Hasta que lo que se les venga encima sea un maremoto social.

Un apunte final: recomendar al lector el artículo adjunto, un enfoque diferente fruto del buen sentido británico del humor. Seguramente no desencaminado.

http://m.guardian.co.uk/business/economics-blog/2012/jan/08/eurozone-crisis-angela-merkel-whip-hand?cat=business&type=article