Tareas del nuevo Gobierno

Nuestro país está en medio de una profunda crisis que no es sólo económica. Considerar que sólo se trata de eso es un profundo error, un diagnóstico equivocado que lastra cualquier decisión.

Enfrentamos desde luego una crisis económica con profundas y graves consecuencias sociales medidas sobre todo en una cifra altísima de paro y una creciente desigualdad, pobreza y marginación. Pero estamos también en una crisis política e institucional ejemplificada en el descrédito creciente de instituciones claves en nuestra democracia desde la Corona a los políticos y los partidos. La institucionalidad implantada por la vigente Constitución hace agua por muchas partes lo que contribuye a agudizar esta triple crisis.

Hay finalmente y no menos importante, una crisis ética y de valores. La corrupción ha crecido tanto en el sector público como en el privado y ese crecimiento y las generalizaciones, muchas veces injustas, por parte de la opinión pública aceleran ese escepticismo y alejamiento de la ciudadanía respecto de las instituciones y, más ampliamente, de la democracia. Los ciudadanos ven cómo los costes sociales de esta crisis son repartidos muy desigualmente y como crecen las diferencias, mientras muchos culpables se han enriquecido y no son sancionados. Ciudadanos y políticos están cada vez más separados.

No parece que el recién nombrado presidente del Gobierno comparta este planteamiento, al menos según lo conocido hasta ahora. Su insistencia sólo en la vertiente económica de la crisis así lo demuestra. Cierto que la situación de nuestra economía es muy grave lo que exige medidas urgentes y radicales. Pero ignorar que en esa crisis juegan factores institucionales como, por ejemplo y no es el único, la situación actual del estado autonómico es tener un diagnóstico errado.

El gobierno del PP parece así que va a suponer más de lo mismo con algunos mínimos matices diferentes. No parece dispuesto a enfrentar todos estos temas que se pueden resumir en regeneración democrática. La reciente sesión de investidura de Rajoy así lo indica. Contrastó enormemente su agresividad con la portavoz de UPyD, Rosa Diez, la única que en su discurso insistió en este carácter multiforme de la crisis, con la alfombra roja extendida a los nacionalistas. En resumen, mera alternancia, más de lo mismo. El bloque dominante del poder, eso que se llama el “establishment”, no está dispuesto a más, tan sólo alguna mínima reforma. Se va Sagasta y llega Cánovas. Oligarquía y caciquismo como denunció Joaquín Costa. Las formas varían, la esencia permanece.