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Es decir, una especie de coalition of the willing, parecida a la que lanzó Bush cuando invadió Irak. Tuvo escaso éxito. Veremos si este llamamiento de Merkel y Sarkozy (y el orden de los actores sí altera el producto) tras sus acuerdos de este lunes para un nuevo tratado de la Unión, tiene más éxito.

En el comienzo de esta semana calificada como decisiva para Europa (incluso para el mundo, véase como muestra la gira del secretario del Tesoro norteamericano para presionar por un acuerdo), lo acordado entre ambos resulta ser un paso necesario para ir hacia una unión más fuerte y que trate de ir superando los enormes errores cometidos en el momento de la fundación de esta pretendida unión económica y monetaria. Por primera vez, uno de los padres de la idea, Jacques Delors, ha reconocido, en una entrevista en el Telegraph el pasado día 2, los errores cometidos en ese diseño. “Durante mucho tiempo, el euro funcionó muy bien. Luego, explotó la crisis financiera global y todos sus defectos han salido a la luz”. En esas estamos, todo ello agravado por unos mecanismos de decisión europeos totalmente disfuncionales e inútiles.

Esa decisión de avanzar hacia un gobierno económico europeo, eliminando la regla de la unanimidad y fijando sanciones automáticas para el vigente Pacto de Estabilidad (porque de eso se trata, hablar de unión fiscal es pura ficción), ¿asegura que los problemas están en vía de solución? Habrá que esperar y ver cómo reaccionan los grandes árbitros, eso que se llama los “mercados”, es decir acreedores, prestamistas y agencias de calificación.

A destacar también la constitucionalización obligatoria de la regla del equilibrio presupuestario (un paso más en la “automatización” y “despolitización” de la política económica) y el solemne compromiso de que los prestamistas (bancos, bonistas, etc.) nunca se verán afectados por impagos de deudas soberanas. Toda la factura recaerá sobre las haciendas nacionales o sea sobre los contribuyentes. Ganan y pierden los de siempre.

En el plano político, todo este proceso muestra que la ficción democrática de la Unión, al menos para las grandes decisiones, es eso, una ficción. ¿Dónde están el presidente del Consejo, la Comisión y su presidente, el Parlamento europeo y los gobiernos del resto de los países miembros? De actores secundarios y algunos ni eso. Ese es el tipo de Europa que se está construyendo.

Seguimos yendo además hacia una unión basada en un pensamiento económico único que se traduce, lo estamos viendo y de manera dramática en las estadísticas (la última, una de la OCDE) y en la calle, en más recortes sociales , en más desempleo y en más marginación y desigualdad social. Esa economía social de mercado edificada en Europa Occidental tras la segunda guerra mundial mediante el consenso entre la socialdemocracia y la democracia cristiana, orgullo y seña de identidad de esa región, hace aguas y está condenado a muerte.

Al comienzo de esta crisis mundial, hace tres años, Sarkozy con la tradicional pomposidad francesa, hablaba de “ refundar el capitalismo”. Efectivamente, así lo están haciendo.