Situación de alto riesgo económico

Las cifras recientemente publicadas de la Encuesta de Población Activa muestran la enorme gravedad de la situación económica en nuestro país. No es el único indicador que muestra una clara situación de riesgo. Todos ellos abogan por el hecho de que la crisis sigue, que no sabemos si ha tocado fondo y que si lo ha tocado es muy probable que siga con nosotros en ese fondo durante varios años más.

El paro en el primer trimestre del año ha aumentado y llega ya casi a los cinco millones de desempleados, un “récord” lamentable, un 21.3 por ciento de la población activa. Ha crecido por la destrucción de puestos de trabajo, ochenta mil por mes y no por el aumento de los que buscan trabajo pues aquí ha habido un descenso. Por ejemplo, ahora buscan trabajo un millón de jóvenes (menores de 30 años) menos que en 2008. El tema no es la gran apuesta del Gobierno de si el paro alcanzará o no los cinco millones. El tema es si la economía crecerá lo suficiente como para crear puestos de trabajo porque, más allá de reformas necesarias del mercado de trabajo, esa es la variable clave. Frente a las más optimistas y menos creíbles previsiones del gobierno, el FMI ha previsto recientemente un crecimiento escaso y plano hasta 2016, crecimiento que si crea algo de empleo será muy escaso.

La dura política contractiva aplicada desde hace meses tiene los efectos previstos de contracción de la demanda interna y, al ser el aporte de la externa muy escaso, sus efectos en el PIB son de libro. A partir del 22 de mayo con nueva etapa autonómica son previsibles dos efectos, los mismos que estamos viendo en Cataluña. Uno, revisión de las cuentas públicas y aumento notable del déficit hasta el momento conocido. Dos, anuncios de más medidas restrictivas con un consiguiente efecto en una cierta, aunque hasta ahora, limitada protesta popular.

Ambos efectos, si se generalizan o por lo menos se amplían a otras autonomías, aumentan el riesgo de una respuesta digamos intranquila por parte de eso que se llaman los mercados financieros, léanse operadores principales en esos mercados y las famosas agencias de riesgo. En ambos casos, riesgo de aumento de la desconfianza en nuestra economía y consiguiente deterioro de los tradicionales indicadores como la prima de riesgo, es decir financiación más cara y más difícil para el sector público y empresas privadas. Se entraría en una espiral de difícil contención en el que nuestra mejor defensa es el absoluto interés por parte de los principales gobiernos (y sus bancos) de la UE en que nuestra economía no vaya muy mal.

En el horizonte inmediato está además una previsible subida del tipo de interés por parte del BCE, como factor externo perjudicial para nuestra economía. En el frente interno, un cierto repunte de la inflación (aunque la subyacente parece contenida), una caída clara del consumo privado en l primer trimestre de este año y una continuación del pesimismo tanto en consumidores como en empresarios. En el plano político, la reciente declaración del PNV de retiro de su apoyo al gobierno arroja claras dudas sobre lo que vaya a ocurrir por ejemplo con la tramitación del presupuesto del año que viene. Claro que, continuando en ese plano, antes están la elecciones del 22 que mostraran un nuevo terreno de juego. Habrá que esperar a eso pero sea cual sea el resultado, los factores de riesgo para nuestra economía son muy claros y seguirán ahí.