Otra reforma del sistema financiero

¿Cuántas modificaciones en los recientes años? Se ha perdido la cuenta. Como parece que dice Zapatero, es mejor cambiar de criterio que no tener ninguno. Pero una cosa es cambiar alguna vez para adecuarse a una realidad que varía y otra, muy distinta, cambiar continuamente. En resumen, dar bandazos lo que muestra desconocimiento o negación de la realidad e incapacidad técnica. En estos casos, el mensaje que se manda a los operadores, a los formadores de opinión y, en suma, a quienes deciden de verdad es devastador. Esto es lo que ha ocurrido y está ocurriendo en estos años con lo relativo al sistema financiero de nuestro país o, más exactamente, a las Cajas de Ahorro, el eslabón más débil de eso que el propio presidente del Gobierno describió pomposamente y no hace mucho como el sistema financiero más sólido del mundo. Una muestra más de la ola de insensatez que nos invade.

En política económica, como en muchos otros campos, tan importante como un diagnóstico acertado y medidas correctas son los tiempos, los de diagnosticar y tomar medidas en el momento adecuado. El Gobierno, incluyendo la autoridad reguladora y supervisora, el Banco de España, ha fallado estrepitosamente en ambos aspectos. Hoy se nos presenta un nuevo decreto ley con unos requisitos y unos plazos, negociados y arreglados trabajosamente con la patronal de las Cajas y sus representantes políticos, a los que se han hecho concesiones con nombres y apellidos. Este texto puede valer o no, será la reacción de “los mercados”, una vez más, la que dictará su ley. Al tiempo.

El gobernador del Banco de España declaraba este lunes que ahora sí que la cosa va en serio y estimaba que las cajas necesitarán menos de 20.000 millones de euros, además de insistir una vez más que no habrá costes para el erario público, es decir el bolsillo de los contribuyentes. Permítasenos ser, a la vista de las previas reformas y declaraciones, un poco escépticos en ambos casos. El tiempo también lo dirá.

Lo que está claro es que esta catastrófica situación tiene responsables tanto por acción como por omisión y que esos responsables, salvo alguna excepción aislada, se irán de rositas, incluso impartiendo doctrina. Esos responsables incluyen el Gobierno de la nación, el de Aznar y, sobre todo, el de Zapatero, los gobiernos autonómicos que siempre han considerado a las Cajas como su tesorería particular, el Banco de España ( una carta de la asociación de inspectores de esa entidad enviada en mayo de 2006 y conocida ahora es documento imprescindible) que también más allá de esa fecha dejó crecer el disparate crediticio sin hacer nada, los consejos de las Cajas trufados de políticos y sus amigos y de conflictos de intereses y con gestores a sus órdenes incondicionales.

El resultado previsible va ser la desaparición de unas entidades que han cumplido y cumplen una función económica y social importante, incluso imprescindible en muchos casos y su sustitución por un muy reducido elenco de entidades bancarias, nacionales o extranjeras, reforzando así el oligopolio y el riesgo moral, al ser cada vez más grandes. Mientras tanto, escasez y encarecimiento del crédito con el resultado de alta mortandad de empresas pequeñas y autónomos, destrucción de empleo, aumento de la crisis mientras los “bonus” de los altos directivos crecen. Toda una salida progresista y social de la crisis, que dice nuestro presidente.