Cosas de las Autonomías

La Comisión Nacional de la Competencia (CNC) acaba de publicar un informe sobre el extracoste que supone que los gobiernos autonómicos prefieran a empresas de “su tierra”a la hora de adjudicar contratos públicos. Ese disparate supone tres mil millones de euros anuales, es decir un veinte por ciento del valor total de los contratos. Estas prácticas, según declaraciones del presidente de la CNC, el socialista Berenguer, “están generalizadas” en todas las Comunidades Autónomas. Mientras la Unión Europea camina hacia el mercado interior único, aquí vamos hacia atrás, minando tenazmente el mercado interior no sólo de bienes y servicios con estos procedimientos y otros como cientos de diferentes normativas sino también de factores productivos como el trabajo con la imposición de la llamada lengua propia. Algunos, desde el lado oficialista, presentan lo logrado estos años como “Vertebrando España”. Eso es cerrar los ojos a la realidad, porque más bien se trata de “desvertebrando”.

Más de lo mismo y, otra vez, donde dije una cosa ahora digo la contraria. El sainete montado después de la visita de Mas a La Moncloa, donde no vino a rogar sino a reclamar, se entiende que “lo suyo”, ha polarizado la atención las últimas horas. Zapatero había jurado que no se permitiría emitir nueva deuda a ninguna Autonomía pero esos buenos propósito se han venido abajo ante la reivindicación catalana, una Comunidad “demasiado grande para caer”como ha dicho el consejero Homs, afirmando que si Cataluña se viene abajo, se cae España. En realidad, se trata de lo de siempre: obtener apoyo, en este caso de CiU, que ha prometido “arrimar el hombro”, para terminar esta agónica legislatura como sea. El zoco funcionando otra vez, eso sí por razones patrióticas. Naturalmente, tras Cataluña, por la permanente historia del “y yo lo mismo”, ha seguido el resto de CCAA.

El mensaje que se manda a Angela Merkel, a los famosos mercados y a las desacreditadas agencias de calificación (desacreditadas pero sus opiniones son decisivas) es, primero, sigue la política errática y segundo, que es difícil conocer y, mucho más, controlar el déficit y el endeudamiento de las CCAA. Un mensaje devastador para ese intangible decisivo, la confianza. Precisamente, las presiones de esos tres actores, han obligado a poner en primer plano de la discusión política, este tema del desmadre del estado autonómico. Tema hasta hora solo planteado, desde su fundación hace tres años (es una de sus señas de identidad) por Unión, Progreso y Democracia (UPyD), una voz clamando en el desierto. Pero ocurre que, tanto el gobierno como el PP, demuestran una vez más su incoherencia y su desfachatez política. Abogan, en teoría, por el control y la austeridad y, en la práctica, hacen lo opuesto, no oponiéndose nunca a los delirios de grandeza y al despilfarro de sus barones autonómicos. Por estas cosas y por muchas más, se explica que un setenta por ciento de la opinión pública rechace tanto a Zapatero como a Rajoy. Tenemos mala suerte los españoles: coinciden el peor Gobierno y la peor oposición. Frente a la resignación, algo habrá que hacer, señores ciudadanos.