Wikileaks en Madrid (II)

Lo importante de esta apasionante serie de documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano, no es la comprobación “ad nauseam” de la prepotencia de los representantes de ese país. Eso se da por sabido incluso cuando se trata, como es el caso y algunos pasajes de esos documentos así lo demuestran, de un imperio en el comienzo de su irreversible decadencia. Lo importante es el grado de servilismo, de obsequiosidad que caracteriza la conducta de los gobernantes y autoridades de los países receptores de esas presiones. Tampoco es ninguna sorpresa. Debemos recordar, además, que lo dado a conocer es una pequeña parte de un todo que nunca se conocerá. Primera conclusión: los diplomáticos norteamericanos cumplen con sus instrucciones y su deber de presionar. Quienes no cumplen con su deber de fidelidad a unos principios mínimos e incluso a su país son sus presionados colegas que eso sí, también cumplen instrucciones de sus gobiernos.

Esa regla se cumple a la perfección en el caso del gobierno español, tanto vía judicatura como vía ministerios. En lo primero y a pesar de los desmentidos reiterados del fiscal general “et alii”, como bien demuestra El País, todo lo informado en su día a sus superiores por la embajada de EEUU en Madrid se cumple a los pocos días. No estamos, contrariamente a lo que se alega por los afectados y sus voceros, en presencia de opiniones sino de hechos, distinción fundamental. El caso Couso y la conducta de los representantes del poder judicial y del ejecutivo es un paradigma de la doblez y la hipocresía.

Como lo es todo lo relativo al tema del Sahara. Se afirma solemnemente una cosa y se hace la contraria. No sólo se apoya la posición de Marruecos sino que se le asesora recomendándole un lenguaje políticamente correcto y el ejemplo de Cataluña para el Sahara. ¿Es posible imaginar mayor doblez e hipocresía?

¿Qué decir de la actitud del propio presidente del gobierno ofreciendo toda clase de compensaciones al amigo americano para tratar de compensar la retirada de Irak buscando la complacencia del adorado Obama? Una cosa es una política exterior seria, aún reconociendo la debilidad propia y otra, muy distinta es ser , dicho coloquialmente , un felpudo? ¿Qué pensar del desplazamiento del subgobernador del Banco de España a la embajada de Estados Unidos para mostrar unos documentos de unos bancos privados en defensa de una actuación, por otra parte absolutamente legal, en Irán? ¿ O el forzar a otras empresas españolas a cancelar operaciones, totalmente legales, en ese país?

Las revelaciones de estos hechos, que no opiniones, no han terminado. Esperemos que así sea porque son una herramienta imprescindible en la búsqueda de un mundo más transparente y mejor. Aunque los augurios no son buenos. La detención de Assange, jugada claramente política con la larga mano de Estados Unidos detrás, puede terminar con su extradición a ese país. El duro sistema judicial y carcelario de ese país no le augura nada nuevo.