Más al borde del abismo II

Era la crónica de una muerte anunciada. Irlanda, paradigma del milagro económico liberal, no ha resistido más y ha solicitado ayuda. Es el fracaso de un modelo basado en la desregulación, el “dumping fiscal” (el tipo del impuesto sobre sociedades, la gran batalla del momento, es del 12.5 por ciento, la mitad del promedio de la UE), la inversión directa extranjera y, eso sí, la gran ventaja del inglés (nada de bromas allí con el gaélico). Todo ello aderezado con una descomunal burbuja inmobiliaria “a la española”. A destacar que la financiación que recibe es para sanear bancos, no por déficit público, esos mismos bancos que aprobaron muy recientemente los “tests de esfuerzo”. Como en el caso de Estados Unidos, esos tests de esfuerzo en Europa levantaron muchas suspicacias por parciales e incompletos. Cae Irlanda y con ella cae además un mito que supera el ámbito económico. (Ver el interesante artículo de Carlos Martínez Gorriarán).

Who´s next? ¿Quién es el siguiente? La pregunta se repite en todos los medios porque todos están convencidos de que la crisis no ha terminado. Todas las miradas van a Portugal. Hasta ahí, la cosa sería digerible para la Unión Europea, tanto en términos económicos como políticos. Pero a partir de ahí, ya son palabras mayores porque, previsiblemente, entra en escena España, con unas posibles demandas de rescate que superarían ampliamente la suma de esas tres anteriores. Demasiado grande para caer y demasiado grande para ser rescatada.

No se trata sólo del denostado efecto contagio. Ese efecto no existe para países y gobiernos que, como se dice, han hecho sus deberes. Es el efecto contagio más errores propios, clamorosos todos estos años por parte española lo que hace aumentar la desconfianza, elemento clave. No es tanto el tema de los ratios de deuda (que empeoran) o la situación del sistema financiero (que los mercados estiman mucho peor de lo que proclaman las autoridades españolas) como la incapacidad para crecer en los años inmediatos y, de ahí, la insuficiencia presupuestaria. Un presupuesto total que en su cincuenta por ciento escapa al control del gobierno central, algo que no ocurre en Grecia, Irlanda y Portugal (ahí sí que España no es esos países, en este caso para peor). El círculo vicioso y el estancamiento, la famosa y temida “L”, parecen asegurados.

El presidente del Banco Central Europeo ha vuelto a pedir gobernanza económica europea. Lo que ocurre aquí, como afirmábamos en nuestra columna de la semana pasada, es que la unión europea tal como está no sirve porque no es un área monetaria óptima. Ha aguantado mientras las cosas iban bien. Ahora, ya no vale el invento. O se va hacia ese área monetaria óptima (es lo mismo que decir mayor gobernanza económica) con grandes cesiones de soberanía o se disuelve ese área. O bien se redimensiona y se hace con menos países, los más semejantes en estructura y políticas económicas. Es decir, un reducido núcleo en torno a Alemania y, desde luego, sin los PIGS o GYPSIS o como se les quiera llamar. Échese un vistazo a los medios extranjeros y se verá que ese tema está ya de manera creciente. Todo un síntoma de por donde sopla el viento. Un viento que, tras unas semanas de previsible calma, volverá ser huracanado.