Los números del sector exterior

¿La botella llena o medio vacía? ¿Hay luz al final del túnel o es un tren que viene de frente? ¿Qué fue de aquellos brotes verdes anunciados hace casi un año?

Los vendedores de ciego optimismo, que se presentan como emisarios del Bien frente a quienes se atreven, nos atrevemos, a diagnosticar un presente muy oscuro y un futuro del mismo color para la economía española en los próximos años, deberían pensar que algo muy serio está pasando aquí cuando una noticia alarmista sobre Hungría provoca una baja en la bolsa de Madrid y un aumento del diferencial con el bono alemán. ¿O es todo una conjura de una entente diabólica, una nueva conjura, entre cierta prensa anglosajona y los especuladores de turno?

Esos vendedores de buenos augurios recurren últimamente a unas cifras que parecen demostrar que, a pesar de todo, la exportación española ha ganado presencia en los mercados internacionales en los últimos años. No seremos tan malos ni todo está perdido. Vale la pena detenerse en esas cifras de nuestro sector exterior.

Tomando una serie de diez años, los que van desde 1999 a 2008 y según fuentes de la Organización Mundial del Comercio y de la AEAT española, en el primero de esos años la exportación española de mercancías (base aduanas) era el 18.1 % del PIB. En 2008, el 17.2, siempre en términos nominales. Hay por tanto un retroceso (el gran incremento se había producido en los diez años anteriores, los de la integración en Europa, cerca de siete puntos). Más aún: en 1999 la exportación española de bienes era el 2.01 % del total comercio mundial, proporción que baja al 1.7 en 2008. (Italia con la que algunos, curiosamente, nos comparan supone el doble).Es cierto que en estos años, el empuje de China disminuye a todos pero también es cierto que nuestra participación cae, como en el indicador anterior. Esto se refiere a la exportación de bienes porque este es el indicador siempre usado para medir la competitividad de un país. Algunos añaden ahora los servicios para tratar de mejorar las cifras. No es así. En esos años, en proporción del PIB, los servicios pasan del 8.5 % al ñ 8.9. En participación mundial, bajan del 4.4 al 2.5 %.

Estas cifras, que son las que son, no parecen una vacuna contra el pesimismo, más bien al contrario. Conviene recordar que la depreciación del euro en poco nos beneficia porque más de un setenta por ciento de nuestra escasamente diversificada geográficamente exportación de bienes va a la UE. A Estados Unidos, poco más del cinco por ciento. A mayor abundamiento, las recientes medidas alemanas agudizarán la depresión europea y dificultarán nuestras ventas a ese nuestro segundo mercado.

Para tratar de ser más realistas y ver donde estamos, aconsejaría echar un vistazo a la estructura de nuestra exportación de bienes, con mínima presencia de sectores y productos con alto valor añadido y demanda mundial dinámica. Respecto de los servicios, mirar también el perfil de los compradores del principal, el turismo. No hay por lo tanto muchas razones para ser triunfalistas mirando nuestro sector exterior, trufado de insuficiencias y debilidades que se resumen en muy baja capacidad de competir por parte de nuestras empresas. Así son las cosas, nos guste o no.