La palabra clave es impunidad

El brutal ataque, en aguas internacionales, del ejército israelí a la flotilla de ayuda a Gaza saldado, hasta donde se ha podido saber pues el bloqueo informativo por parte de los agresores ha sido total, con una decena de muertos y varias de heridos como mínimo, no es algo excepcional. Es una constante en la historia de este país desde su creación el 15 de mayo de 1948. (Sobre esos orígenes y acerca de “quién estaba allí primero”, leer, entre otros, “Married to another man” de Ghada Karma).

Tiene lugar entonces lo que se conoce como la “Nakba”, la catástrofe, cuando Israel, a sangre y fuego, mata y desaloja de sus hogares a más de setecientos mil palestinos. Acontecimiento siempre negado por las autoridades de ese país y por la historiografía oficial. Sólo en fechas recientes, los llamados “nuevos historiadores” judíos con el prestigioso Illan Pappé a la cabeza, han tenido la valentía de enfrentas esas tesis oficiales.

Esta brutal y, por ahora, última violación de los derechos humanos, calificada por el gobierno turco como “terrorismo de Estado”, sigue el guión siempre visto desde aquellas fechas. Agresión israelí, “consternación” de Occidente sin condena alguna que la acompañe, declaraciones lacrimosas de la Liga Árabe, manifestaciones en países árabes (no en todos) y, al final, el Gran Aliado, el gran garante de la absoluta impunidad, Estados Unidos. Esta historia se repite sea cual sea el gobierno de turno tanto en Israel como en Estados Unidos. (Sobre el peso enorme del “lobby proisraelí en Estados Unidos, destaca el ya clásico “ The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy” de John Mearsheimer y Stephen Walt).

Esta vez la secuencia se ha repetido. Declaraciones de Naciones Unidas, la Unión Europea, la OTAN y el resto de Occidente, consternándose pero nunca condenando y, como coartada, pidiendo una investigación veraz, etc. Pero, por ejemplo, ¿qué fue del Informe Goldstone a raíz de la invasión de Gaza por Israel en diciembre de 2008 saldada con 1.400 palestinos muertos, la mayor parte civiles? ¿Ha servido para algo? Se trata de cubrir el expediente. Al final, impunidad, siempre impunidad.

La administración Obama está mostrando, también en este terreno pero aquí más acusadamente que en otros asuntos internos, su gran contradicción entre sus grandilocuentes declaraciones y sus limitados hechos. El sistema político norteamericano está atrapado por su irrestricto y absoluto respaldo al gobierno de turno de Israel haga lo que haga. Algunos analistas atribuyen esto a la mala conciencia por un pasado, que se prolonga hasta fecha no muy lejana, de discriminación interna contra los judíos. También a su política de ignorar y no hacer nada por evitar el Holocausto cuando sucedió. (Ver, por ejemplo, “The Abandonment of the Jews. America and the Holocaust” de David S. Wyman). Cualquier político de ese país que quiere ser algo, debe rendir pleitesía a ese “lobby” ejemplificado por la organización AIPAC (“America Israel Public Affairs Committee”). Ni Obama ni Hillary Clinton son una excepción.

Israel siempre confía en que el tiempo y su dominio de una gran parte de los medios de comunicación en todo el mundo (y de manera creciente en nuestro país), harán que cada nueva brutalidad se olvide. Porque además, enseguida habrá otra que sepultará la anterior. En último término, las críticas a sus acciones serán siempre respondidas con la acusación de “antisemitismo”.

Triste y negro panorama para intentar resolver el principal foco de tensión internacional en el mundo como es éste de los territorios ocupados y las continuas violaciones de Israel como potencia administradora. Pero mientras Occidente, sobre todo Estados Unidos y a su zaga un totalmente inoperante Unión Europea, valide la absoluta impunidad, las esperanzas de paz y de solucionar este conflicto serán mínimas, si es que existen.