Los lobos y los débiles

 El muy ”cool” ministro de Finanzas de Suecia definió perfectamente la situación al final de la trascendental reunión del Ecofin este pasado domingo. El descomunal blindaje acordado trata de proteger al euro y la estabilidad de la zona “porque si dejamos actuar a las manadas de lobos atacarán a los más débiles y los destrozarán”. Donde dice “manadas de lobos” léase especuladores y donde dice “los más débiles” léase los famosos PIIGS, con España a la cabeza. Porque los lobos no atacan a lo fuertes, sólo a los débiles. En efecto, puede caer Grecia ( y lo más probable es que caiga y suspenda pagos, si no con ese nombre con otro más digerible como  “reestructuración de deuda”), incluso Portugal pero lo de  España serían ya palabras mayores con efectos sistémicos difícilmente controlables más allá de Europa ( véase la preocupación en el gobierno Obama). Un segundo Lehman Brothers, pero sin sector público al rescate. 

El escudo protector supone 750.000 millones de euros (a efectos comparativos recuérdese que el PIB español es de un billón), acuerdos con bancos centrales de otros países como la FED norteamericana y, muy importante y menos resaltado, compras de bonos de los países débiles a cargo del BCE, acordado tras una enorme lucha interna y una rectificación en toda regla de este organismo. La UE entra en ”unchartered territory”, territorio inexplorado, con estas medidas, territorio desconocido y lleno de riesgos en el que el éxito no está, ni mucho menos, asegurado. 

La inmediata reacción de las bolsas mundiales al día siguiente lunes fue de euforia, especialmente en los valores bancarios. No es extraño porque los bancos “bluechips” son los más beneficiados de este rescate por estar cargados de bonos de los países débiles. La reacción del día siguiente, martes, ha sido mucho más cauta como lo han sido los análisis y valoraciones en los principales medios. Cautela que responde a la sospecha de que los problemas en un área monetaria no óptima como es la UE, integrada por economías muy dispares no son de liquidez sino de solvencia y no sólo financieros sino también de economía real por productividades y competitividad muy diferentes entre países. Ese problema sigue estando ahí. 

La pelota está ahora más que nunca en el tejado de esos más débiles, sobre todo en nuestro país. Al Gobierno lo acordado le obliga a políticas que nunca ha querido hacer y le da un cierto margen, escaso, para llevarlas a cabo. Su situación es muy débil tanto por razones objetivas (carencia de instrumentos de política económica por las cesiones a las CCAA, cifras fiscales muy malas y con rápido empeoramiento, imprescindibles y difíciles reformas en el sistema financiero, entre otras) como subjetivas, resumidas estas en nula credibilidad, falta de liderazgo y desconfianza extendida tanto en casa como afuera. Escaso bagaje para una hercúlea tarea que además será vigilada por las autoridades comunitarias y puede que hasta por el denostado FMI. La capacidad, indudable, de Zapatero para sacar conejos de su chistera se ha reducido notablemente porque va a enfrentar un auditorio más severo y escarmentado por los trucos griegos. Nos esperan tiempos muy duros (a casi todos, nunca es a todos), instalados en el estancamiento de la “L” y con retroceso de varios años en términos de renta por habitante. Justo castigo a nuestra perversidad por hacer determinadas opciones. Claro que cuando uno mira lo que puede venir a continuación, no hay consuelo.