Esos dichosos mercados…

“It´s not what you say, it´s what they hear” que quiere decir ”No es lo que dices, es lo que oyen” que no es siempre lo mismo, más bien al contrario. Frase de un famoso ”gurú” norteamericano, especialista en campañas electorales. Cabe aplicarla perfectamente a la actual situación económica en nuestro país. Zapatero puede decir que no somos Grecia, que el paro va a mejorar, que ha terminado la recesión y demás historias, pero lo que quienes operan en los mercados oyen y ven son cosas muy diferentes. Oyen y ven que sigue la suicida inacción de un gobierno sin liderazgo, ni algo muy importante como es la credibilidad. 

Por eso, dan mayor credibilidad a las previsiones del FMI o a las de una agencia de calificación o a los rumores. Los mercados sobreactúan siempre en épocas de crisis y se mueven con comportamientos de rebaño pero siempre hay una base objetiva en esos movimientos. ¿Alguien ha visto algún movimiento de este tipo respecto de, por ejemplo, Finlandia, Alemania, Holanda u otros países serios ? Si apuestan ahora fuertemente en contra de España es por el efecto contagio que nos llega porque el Gobierno no tiene credibilidad alguna. 

Basta echar un vistazo a la prensa anglosajona de estos dos últimos y dramáticos días, con caída de la bolsa del ocho por ciento, entre otros malos indicadores financieros. Ocupamos, con malas noticias y sospechas de peores, las portadas de prensa tan decisiva como New York Times (“España tiene el riesgo de caer en la misma trampa que la de Grecia a menos que tome medidas enérgicas”), Wall Street Journal y Financial Times. ¿Una conjura anglosajona? Vamos, seamos serios, aunque sea por una sóla vez. 

En su último número y en su editorial principal, The Economist acierta al proclamar que “España parece incapaz de reestructurar su economía”. El semanario no se pregunta la razón pero está muy clara ( para el que la quiera ver sin sectarismos): no la puede reformar porque el Gobierno, aparte de carecer de liderazgo y de credibilidad, carece de los instrumentos más imprescindibles de política económica, resultado del disparate actual del Estado de las Autonomías. ¿Cabe imaginar por ejemplo un recorte importante del gasto público cuando el porcentaje que controla el Gobierno supone poco más de la quinta parte del total? ¿Cabe una reforma de las cajas de ahorro sin enfrentar esos poderes autonómicos y autónomos que hablan, por ejemplo, de dinero gallego ? Y así sucesivamente. 

Nuestra columna de la semana pasada afirmaba que la famosa “L” del estancamiento durante varios años inmediatos ya está aquí y que las previsiones macro del Gobierno no se las cree nadie, seguramente ni siquiera sus autores. Aquí ha habido una enorme juerga, con dinero prestado,  y ahora llega la resaca. Y la penitencia, que no la pagarán los causantes del destrozo sino los de siempre como estamos viendo en Grecia. Aunque, ya lo sabemos, España no es Grecia.