El enigma de Minsk y el lado correcto de la historia

refugiados ucranianos cruzan la frontera

EFEUcranianos

La pregunta sin respuesta es cuánto tiempo puede la opinión pública mundial seguir observando impasible las imágenes de la devastación de Ucrania por las bombas rusas. Cada día que pasa, las tropas avanzan posiciones, mientras crece la población que busca refugio en Polonia, Rumanía y Moldavia. Los organismos internacionales estiman que el éxodo, el mayor de la historia de Europa, puede llegar a 5 millones de personas, de los que la mitad serán niños.

El apagón informativo a los corresponsales internacionales que han abandonado Rusia, la represión y las penas de cárcel a las manifestaciones de los moscovitas y el control de la central nuclear de Zaporiyia, presentan un panorama sombrío que el presidente francés Macron ha resumido en la frase “Lo peor está por llegar”.

La respuesta a cuál es la decisión que pueden tomar los europeos bajo el principio del mal menor es el dilema instalado en sus gobiernos. Abandonar Ucrania a su suerte y enfrentarse a un futuro que, junto al riesgo de nuevas invasiones de Rusia, se une una crisis sin precedentes de las fuentes de energía que repercutirá directamente en la economía u optar por realizar un posicionamiento estratégico militar, con interposición de fuerzas, que haga fracasar el éxito de la agresión e invasión de Putin en el mas corto plazo.

Lo que se ha llamado el enigma de Minsk, que analiza los acuerdos de septiembre de 2014 y febrero de 2015 entre Rusia, Ucrania, Francia y Alemania, por el que se reconoció autonomía a Donestk y Luhsasnk, se ha reproducido por algunos analistas. El enigma plantea una pregunta de solución binaria: si es Ucrania una nación con soberanía plena, como afirman sus ciudadanos o debe limitarse su soberanía, como exige Rusia, según explica Duncan Allen investigador del Centro de estudios Chatham House en Londres.

Este enigma hoy sin embargo esta superado, porque Putin ya no plantea la autonomía de la región de Dombass. Ahora, no es si la intervención está limitada a resolver la autonomía de una región de Ucrania. Lo que pretende Putin es crear un nuevo “telón de acero” que blinde la extensión de los principios y valores de Europa a la población rusa.

La excusa de la vulneración de la seguridad de Rusia por la posible entrada en la OTAN de Ucrania, tras el ingreso de la Repúblicas Bálticas, no tiene ningún fundamento y es la mentira de Putin. Un análisis objetivo de la política de las grandes potencias llega a la conclusión de que la Administración norteamericana, ya en el mandato de Trump, manifestó una rotunda decisión de replegar sus tropas de los conflictos internacionales. Posición confirmada por Biden con la retirada caótica de Afganistán.

Por su parte China ejerce una penetración silenciosa en África en busca de obtener el control de materias primas y de permisos de exploración minera. Y mantiene una presión continuada sobre Taiwán y siete islas deshabitadas del Mar de Japón por razón de su situación en las rutas comerciales, recursos pesqueros y posibles yacimientos petrolíferos.

Putin y su estado mayor no han valorado una resistencia prolongada de los ucranianos y la gestión del control de un país de mas de cuarenta millones de habitantes y una extensión de 603.550 kilómetros cuadrados, superior a la de España. Como han expuestos expertos militares, en Afganistán con 27 millones de habitantes los 140.000 soldados rusos tuvieron que salir del país con sus tanques. En la invasión de Ucrania hay una ventaja comparativa por la proximidad de Rusia, pero de momento solo ha movilizado a 100.000 soldados.

En España la declaración de Pedro Sánchez de que estamos en el lado correcto de la historia ha situado el debate interno con sus coaligados en un punto sin retorno. La crisis de la agresión e invasión a Ucrania se va a extender a meses en su expresión militar y de gran tragedia humana. Y las consecuencias de las tensiones en la economía, con los problemas de encarecimiento del gas y del petróleo y los problemas logísticos y de suministro, pesaran como una losa sobre la recuperación económica.

En este escenario, el papel de Alberto Núñez Feijóo va a ser fundamental en una política concertada con el gobierno de Sánchez con la finalidad de paliar los efectos derivados en nuestro país que van a retrasar y perjudicar a numerosos sectores.

Reordenación de Europa y reordenación del mapa político en España. Es la hora del rigor y del sentido de Estado. Hay que tomar conciencia de lo urgente y no entretenerse con lo accesorio. Y por delante la legislatura hasta final del año 2023.

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