La España abandonada y la España vaciada

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Las elecciones en Castilla y León son un buen banco de pruebas de la realidad electoral en una Comunidad en la que no hay distorsión por partidos nacionalistas. Lo que no quiere decir que no surja un cantonalismo provincial que tome la bandera del agravio y presente una propuesta electoral que no vuela mas allá de los contornos de la provincia.

Lo que es constatable es que el Estado de las Autonomías, como modelo de organización política y territorial, no ha solucionado ni los diferenciales entre territorios ni entre las unidades provinciales de cada Comunidad.

Las diferencias en el PIB por habitante entre Comunidades no se han movido significativamente en los 43 años de vigencia de la Constitución de 1978. Los flujos de movimiento de población, significativamente de los mas jóvenes, se han ido desplazando hacia los grandes núcleos urbanos en los que hay mas opciones de ofertas de trabajo tras finalizar el ciclo educativo.

En 1971 Castilla-León tenia 2.660.530 habitantes. En junio de 2021, 2.379.966. En los mismos años, en 1971 la Comunidad de Madrid tenía 3.855.000 habitantes y 50 años después 6.736.407.

Este efecto imparable de concentración de población y riqueza en las grandes ciudades se ha convertido en la cuestión principal sobre la que han girado la primera mitad de la campaña electoral. Propuestas ligeras y fútiles que han servido para comprobar que los candidatos no saben como revertir o al menos detener esta tendencia.

Especialmente el candidato del PSOE que, tras la última ocurrencia de Garzón, el ministro de desconsuelos nombrado por Pedro Sánchez ha reclamado subir los impuestos a los castellanos leoneses. Cuando lo que tiene que hacer el Gobierno de esta comunidad, es precisamente lo contrario: bajar los impuestos de su competencia para atraer inversiones a su territorio. En agricultura, en ganadería, en turismo, en desarrollo industrial, en educación y en tecnologías.

Esta realidad de la despoblación y el envejecimiento no se puede abordar desde los particularismos, ni comunitarios ni provinciales. Es una política, la territorial, de Estado que requiere de las competencias estatales y de su activación y coordinación en las relaciones con la Unión Europea, en las que España es el actor y el interlocutor.

Sin infraestructuras ferroviarias potentes que acerquen a Ávila, Burgos, Salamanca y Soria a Madrid, sin una política agropecuaria integrada con la industria de alimentación y sin una promoción internacional de las excelencias culturales y medioambientales, como un territorio amable y abierto que representa una parte fundamental del ser de España, el vacío, el envejecimiento y el abandono conservan su condición endémica.

Si queremos parecernos a los núcleos rurales de Francia o Suiza, donde hay un continuo urbano que ha facilitado el desarrollo urbanístico respetuoso con el paisaje y compatible con la explotación de la agricultura y la ganadería, hay que partir de mentes abiertas en política territorial y urbanismo que acerquen al mundo rural estándares de viviendas y centros comerciales y de ocio, plenamente incorporados a la fisonomía urbana.

El resultado electoral parece ser incierto para el PP. Desde el PSOE se vuelve a utilizar el espantajo de Vox frente al PP, con el objetivo de ahuyentar sus caladeros de voto. Una estrategia en la que no debe entrar el PP al que se imputa haber cambiado Cs por Vox, lo cual no es cierto.

Cs lleva tiempo con respiración asistida, aunque otra cuestión es si la fecha de adelanto de las elecciones y la forma de la convocatoria ha sido la mas oportuna. En la política el principio de oportunidad, no equivocarse en los tiempos y la elección del momento es una asignatura fundamental en este oficio. Vox por su parte demuestra que tiene un suelo sólido que en nada se parece ni al de Cs ni al de Podemos. Y es el directo beneficiario de la política gubernamental y de las apariciones de sus coaligados.

En la asignatura de las coaliciones, Génova debe aprender de la Moncloa que no eleva la voz ante las salidas y disparates de sus coaligados. Al contrario, practica la política del do ut des, doy y me das.

Que para que me vote Bildu los presupuestos tiene que haber acercamiento de presos. Calladitos y para adelante. Que hay que dar dinero para la Generalidad de ERC: el negoci es el negoci. Y que hay que tener tranquilo al PNV, pues se transfieren la administración de centros penitenciarios, la gestión del ingreso mínimo y lo que haga falta. Y que el diputado Aitor Esteban vuelva a Bilbao con el remolque bien lleno.

No es muy ejemplar, pero es lo que hay y el estilo político implantado por Pedro Sánchez.

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