La Plaza de Valencia y el futuro

El acto del Partido Popular celebrado en la Plaza de Toros de Valencia, escenario de convocatorias significativas en la historia política – el mitin de Acción Republicana con Azaña, Alejandro Lerroux y el alcalde de Madrid Pedro Rico el 7 de junio de 1931 es una foto adelantada de lo que sucedió después – ha demostrado dos hechos: el importante suelo electoral que ha recuperado Pablo Casado y que no va a producirse un cambio en el liderazgo del partido ni en la candidatura en las próximas elecciones generales.

Unas elecciones generales que no se van a celebrar hasta el año 2023 y previsiblemente en el último semestre. Pedro Sánchez, salvo que acontezca algún hecho extraordinario, agotará la legislatura. Necesita tiempo, comprará tiempo y exprimirá el tiempo, que es el aliado más sólido del Gobierno.

En la España de la Constitución de 1978 y, por tanto, en el sistema político y electoral en el que se fundamenta, la oposición no gana las elecciones, sino que son los gobiernos los que pierden el poder. Por ello, la acción de la oposición tiene que ser paciente y constante; activa y no precipitada; dinámica y adaptable al momento y no rígida e inflexible. Mas aun cuando el acelerador exponencial del concepto tiempo provoca que la realidad de la economía, la sociedad y la política se rijan por el momentum.

Ante todo, la oposición debe ser capaz de generar confianza en el electorado para convencerle que, depositar el voto a su favor, le llevará a tiempos mejores.

La fortaleza del Partido Popular ha estado y está muy vinculado a sus éxitos y fracasos electorales en ayuntamientos y comunidades autónomas. El método de comparación con otros gobiernos territoriales y de estos con el Gobierno de la Nación, siempre ha sido un termómetro veraz de los movimientos del magma electoral.

Por ello el PP y Pablo Casado necesitan que se consolide la percepción de éxito en ayuntamientos y comunidades a fin de que el elector considere extrapolable el modelo al Gobierno de la Nación. Madrid, Andalucía, Galicia, Castilla y Lean y Murcia son plataformas de gobierno que no puede fallar antes de las elecciones generales.

En este orden, los pactos del PP con Ciudadanos y Vox gozan de una situación estable después del lio freudiano en el que se metió Inés Arrimadas en Murcia. La opinión pública penaliza el transfuguismo y presume que en los vodeviles de las mociones de censura hay siempre interés espurios e inmorales, concurrentes en los actores de la moción.

Tras estos dos años de legislatura, los partidos del centro derecha han evolucionado de forma asimétrica. Ciudadanos entró en caída libre tras las elecciones del 4 de mayo. Los partidos que se autodenominan liberales están afectados lamentablemente por un principio autodestructivo: no son capaces de mantener una evolución estable y viven sumergidos en la volatilidad electoral, como así sucedido desde 1978.

Un proyecto como Ciudadanos que concitó tanta expectación e ilusión por lo que significaba de renovación en el sistema de partidos, ha sido un ejemplo de capacidad autodestructiva. De aquí que su papel en las próximas elecciones generales del 2023 pueda traer el cierre y la cancelación definitiva de esta ficha electoral.

Vox sin embargo mantiene un suelo electoral significativo y el PP en el supuesto óptimo necesitará su voto para obtener la investidura por mayoría absoluta. Un respaldo

electoral según las encuestas que Vox conserva a pesar de las “desapariciones“ de Abascal, de su limitada presencia en medios de comunicación y de la torpeza de episodios que protagoniza cada cierto tiempo. Como poner una foto de Begoña Villacís y su hija en un debate municipal para apoyar a manifestantes anti abortistas.

El mapa electoral refleja que en las provincias de las Comunidades Autónomas mas pobladas y de concentración urbana -Madrid, Cataluña, Andalucía, Valencia y Euskadi- se reparten 196 escaños de los 350 que componen el Congreso, de los que 76 diputados corresponden a las circunscripciones de Cataluña (48) y Euskadi (18), asignaturas pendientes del PP.

En un escenario electoral que se va a decidir según las encuestas actuales por una mínima diferencia, el equipo de Pablo Casado necesita sin duda poner en marcha una estrategia para incorporar o articular una plataforma que recoja el voto significativo que tuvo Ciudadanos en Cataluña, que no puede quedarse en situación de orfandad.

La Convención itinerante que ha servido para fortalecer a Pablo Casado, debería haber programado algún acto en Cataluña y tiene que cuidar también a las nueve provincias de la España vaciada donde se juegan 26 diputados.

Por delante quedan dos años y como el voto es para el que lo trabaja, tarea por delante.

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