La resistencia de los españoles

La historia demuestra que los españoles han desarrollado una gran capacidad de resistencia en los tiempos mas oscuros en los que han sido gobernados por invasores o por reyes o dictadores que el pueblo ha padecido.

Hemos sufrido la dominación romana, la musulmana y la francesa que nos impuso a un hermano de Bonaparte, Pepe Botella, que quiso traer la Ilustración a España y salió saqueando obras de arte y joyas de Corona española, con las que financió una gran mansión en Estados Unidos durante su exilio.

Los reinados de Carlos II el hechizado o de Fernando VII y las tragedias de la primera parte del siglo XX con el desastre de Annual del que se han cumplido 100 años, la pérdida de las colonias, la fracasada II República, la guerra civil y los 40 años de franquismo son hitos que marcan la capacidad natural de resistencia. Lo que nos lleva hasta 1978, cuando la transición y la Constitución democráticas abren la etapa de los mejores años, en los que rige el progreso, las libertades y la convivencia como nunca antes.

Una etapa tan exitosa de nuestra historia que la simple mirada retrospectiva deja al descubierto la mendaz contumacia de iluminados secesionistas y de una izquierda irredenta y vacua en desmantelar el edificio constitucional que durante tantos años los ciudadanos anhelaban.

Ahora padecemos una nueva etapa que pone a prueba nuestra capacidad colectiva de resistencia. Resistencia que no resiliencia, derivado de la colonización lingüística anglosajona que el cursi del ex jefe de gabinete Iván Redondo le escribió a Pedro Sánchez para darle algo de pátina a sus fatuos discursos.

Mientras la resistencia es una acción, un efecto y una capacidad, como dice el diccionario de la RAE, por lo tanto, intelectual y/o física, la resiliencia es una capacidad de adaptación de un ser vivo ante una situación adversa, es decir, un simple acomodo o acoplamiento.

Si repasamos y sintetizamos los hitos del gobierno de Pedro Sánchez desde 2020 tenemos el siguiente cuadro.

La pandemia de Covid-19 se ha llevado por delante a mas de 125.000 ciudadanos según un estudio de la universidad de Washington que supera las cifras que da el INE, informe Mo-Mo de exceso de mortalidad basado en datos incompletos de los registros civiles, al estar únicamente informatizados el 92 por ciento. En definitiva, el tercer país de la Europa occidental en fallecidos por millón de habitantes tras Reino Unido e Italia.

Datos de muertos olvidados, ocultados y negados por la propaganda gubernamental.

En segundo lugar, el Tribunal Constitucional ha sentenciado que el Gobierno vulneró la legalidad en la declaración del estado de alarma, utilizando el Gobierno, al margen de los derechos fundamentales, un mecanismo constitucional de forma expansiva. Un estado de alarma en el que se parapetó para no acudir al Congreso y eludir el control de la oposición. Actitud en la que persisten, tras el estado de alarma, miembros de su gobierno.

La reiterada falta de respeto a la legalidad ordinaria del Gobierno tiene tres actuaciones hoy en manos de los tribunales. La recepción a la escala en Barajas inexplicada de la ministra venezolana Delcy Rodríguez, atendida en la zona de autoridades por el ministro Ábalos; la entrada clandestina del líder polisario en el que está encausada la ministra González Laya,a quien se considera la X del caso Galhi; y los casos Marlaska con las devoluciones en caliente en 2020, las destituciones en Interior durante la pandemia y

desautorizado en agosto de este año por la Fiscalía y el auto del juzgado de Ceuta al incumplir el procedimiento en la devolución de menores marroquíes.

Si a todo este repertorio se une los acuerdos de Sánchez con el gobierno secesionista de Cataluña que favorece el único programa de ERC, amnistía, derecho de autodeterminación e independencia, realmente estamos en unos tiempos en que tendremos que acreditar la capacidad de resistencia colectiva.

En cualquier otro país en el que se apliquen los principios y valores de la democracia occidental, con estos antecedentes, el jefe de Gobierno habría dimitido y además de exigirle las responsabilidades en que hubiera incurrido, habrían sido convocadas elecciones.

Mariano Rajoy en La Toja le ha dicho a Pablo Casado que tendrá que ocuparse del problema de las pensiones y que el Partido Popular tendrá que volver para arreglar “esto”. Sin duda ha pecado de optimismo existencial y no ha querido abrumar a Pablo Casado con el inventario de tareas de reconstrucción del Estado y de España: legalidad democrática institucional, libertades, economía, modernización y recuperación de la posición en las decisiones europeas y foros internacionales.

Las pensiones no son mas que un tema prioritario en el índice del epígrafe economía del siglo XXI.

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