Tiempo pasado y tiempo por delante

Mientras el presidente del Gobierno está haciendo una tournée de Turismo político por Estados Unidos en la que ni está previsto que se reúna con el ex gobernador de California Arnold Schwarzenegger, Casado ha celebrado su tercer año en la presidencia del PP.

Una victoria en primarias en las que se enfrentó a tres candidatos que habían participado activamente y en posiciones preminentes en el equipo de Mariano Rajoy: la vicepresidenta Soraya Sanz de Santamaría; la secretaría general y ministra de Defensa María Dolores de Cospedal y José Manuel García Margallo, ex ministro de Asuntos Exteriores. Los tres con currículum, experiencia y conocimiento extenso por la opinión pública.

Ninguno de los tres sin embargo tenía control real en la organización de Génova, en los afiliados, y la estrategia dominante que aplicaron en la campaña fue que ninguno de los otros dos obtuviese el apoyo mayoritario de las primarias, en vez de dedicarse a concitar voluntades. Activados por el principio de que en la escala de los contrincantes políticos hay por este orden, de menor a mayor adversarios, enemigos y compañeros de partido, perdieron los tres y Casado que también había participado en el equipo de Rajoy como portavoz del PP, apoyado por las nuevas generaciones que actúan coordinadamente como lobby dentro de la organización, se coló en la elección final.

De lo que no cabe duda es que la sucesión de Rajoy se hizo con la abstención de Rajoy. Y que los odios africanos propiciaron la voladura descontrolada de los tres candidatos. Voladura que se llevó por delante a toda una generación de diputados y senadores en la que la mayoría había hecho la travesía del desierto en las diferentes etapas de Felipe González, había ganado con Aznar en el 96 y habían recuperado el gobierno con Rajoy en 2011.

El efecto impredecible de las primarias que Rivera y Pablo Iglesias importaron como la condición para obtener la acreditación de democracia interna, también ha hecho posible que Pedro Sánchez acceda a la secretaría general del PSOE o que Inés Arrimadas tras su naufragio electoral continúe tan campante al frente de Ciudadanos, a diferencia de Iglesias y Rivera que dimitieron tras sus derrotas electorales.

En definitiva, los porcentajes de votantes en las primarias en relación con los electores en las convocatorias del nivel que sea, municipal, autonómica o nacional son irrisorios. Una cosa son los afiliados que se mueven en el circuito de los cargos, mayores o menores y sus concretos intereses y otro universo bien distinto son los electores.

El 4 de julio de 2003 se publico en el diario El País un artículo bajo el título "La selección adversa en los partidos políticos". Les copio los dos párrafos con los que empieza y los animo a leerlo, a quien no lo haya hecho. La presencia de malos políticos no es casual, sino que responde a un problema de selección adversa en los partidos. En teoría económica se habla de selección adversa cuando los peores son los únicos que se ofrecen para participar en un mercado. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en las agencias matrimoniales. Únicamente los menos atractivos del mercado de solteros demandan los servicios de estas organizaciones. En los partidos políticos el problema de selección adversa se manifiesta en que aquellos que se ofrecen para ocupar cargos políticos no son siempre los más valiosos.

Simplificando la realidad, en la selección de cargos políticos pueden distinguirse dos grupos de personas potencialmente elegibles. Por un lado están aquellos que trabajan exclusivamente para la organización. Son los políticos profesionales. Estos individuos han invertido mucho tiempo en la vida interna del partido, lo que en ocasiones dificulta el desarrollo de una carrera profesional externa a la formación política. Por otro lado están los individuos con una profesión ajena a la organización, en ocasiones muy valiosos, y con un compromiso político similar al de los burócratas del partido. Podrían denominarse los externos.

En el mapa del horizonte político en España es razonable pensar que toda la estrategia de Sánchez, con o sin Iván Redondo, pasa por no convocar las elecciones hasta el momento en que se cumplan dos condiciones: una salida real de la pandemia con un retorno a la normalidad normal y una recuperación económica que se traslade a los ciudadanos con crecimiento efectivo y mas empleo. Por tanto, lo previsible es que hasta 2023 no convocará elecciones y mientras tanto pastoreará con prebendas a los independentistas catalanes de ERC que están levitando de gozo con el control de la Generalidad y demás socios de la investidura.

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