El lenguaje político del Gobierno

El crecimiento estadístico en el mundo de los nuevos contagios por Covid-19 sigue creciendo desde el 2 de julio, tras los buenos datos del 1 de julio donde se contabilizaron casi un 10 por ciento menos que los notificados en la semana previa. A partir de esa fecha los contagios han crecido mas de un 12 por ciento la semana que cierra el 8 de julio y mas de un 16 por ciento al finalizar la semana con término el 15 de julio.

Los fines de semana el Gobierno de España no da información estadística de datos en contra de lo que sucede en 148 países que reportan datos, como ha denunciado reiteradamente Miguel Sebastián.

En la tercera de ABC del lunes, el catedrático Manuel Casado Velarde se la dedica a la herencia del lingüista de origen rumano Eugenio Coseriu, al que describe diciendo que “Su pauta ética, en la indagación de todo lo que abordó, fue siempre decir las cosas como son, utilizando el célebre lema platónico”.

Un principio, el de confianza, que ha sido abandonado por nuestros gobernantes, instalados en deconstruir el lenguaje, posición dominante “en la investigación humanística a partir de Marx, Freud y Nietzsche” como señala el articulista.

El lenguaje político del Gobierno y sus portavoces durante la pandemia permitiría montar un reportaje con las secuencias de las declaraciones enlazadas y las imágenes de los comparecientes que, no ya en un ámbito político, sino en cualquier institución o entidad social o empresarial, provocaría la dimisión inmediata de los responsables.

Hay que reconocer a este país nuestro que sus ciudadanos ganan a cualesquiera otros en resiliencia. En nuestra historia hemos soportado a Carlos II el Hechizado, a Godoy hasta el motín de Aranjuez, 40 años sin democracia, a Zapatero que es hoy la sombra del gabinete y ahora a Sánchez.

La explicación gubernamental del indulto y de la sentencia del Constitucional declarando la vulneración de la Constitución en la declaración del estado de alarma el 14 de marzo de 2020, es un esperpento que como dice el diccionario de la RAE es un género literario en el que se deforma sistemáticamente la realidad.

El día 3 de abril de 2020 se publicó en esta República de la ideas libres un artículo mío en el que entre otras referencias a los errores del Gobierno de Sánchez, decía: “Y el estado de alarma tiene un contenido propio que recoge su artículo 11 - de la Ley orgánica- que le permite limitar, no suprimir, intervenir transitoriamente, no con vocación de permanencia y en definitiva actuar con proporcionalidad y sin desbordar el fin y el contenido propio, como está haciendo el Gobierno en una deriva hacia el estado de excepción”.

Por mas que el ministro revelación Bolaños haya calificado la sentencia del Constitucional de irrelevante, lo que merece tal calificativo es su declaración, realizada para justificar su nombramiento que solo tiene una motivación: los cesados por Sánchez han sido descartados para adjudicarles los errores padecidos.

El presidente traduce y aplica con soltura el principio de sospecha a que se refiere el catedrático Manuel Casado en su artículo, en base al cual desplaza cualquier responsabilidad a terceros, como cortafuegos frente a las críticas y los malos resultados. El ha salvado 450.000 vidas y lo que motiva el cese de ministros y colaboradores es que no han entendido ni aplicado correctamente sus instrucciones. Por tanto, hay que despedirles, telefónicamente y sin motorista un mañana de sábado.

El final es reflexivamente lingüístico: ¡viva el chuletón¡

Si un día Rajoy dijo ¡viva el vino¡, solo faltaba el chuletón.

Y ya tenemos un adelanto de la nueva política gubernamental.

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