Si abandonas no te escuchan

Hay un principio que no debe olvidarse en política: los electores ni te votan ni te pagan por abandonar comisiones parlamentarias, plenos y debates. La contradicción entre las ideas, las propuestas y las valoraciones de los hechos es la esencia de la política que ejercen los representantes elegidos en democracia, con el deber de defender y explicar sus ideas.

Esta distopía de los cordones sanitarios, a la que son tan proclives los partidos de izquierda y el independentismo, es la negación de la democracia cuya legitimación deriva del principio de representatividad: el elegido ejerce la representación bajo el mandato político de los electores. Y este mandato, que no es imperativo en nuestro sistema parlamentario, es obligatorio para el representante que ha firmado con su voto un contrato representativo con sus electores.

El candidato Pablo Iglesias infringe su obligación representativa levantándose del debate en la cadena SER. Podía optar por no haber aceptado la invitación de la cadena de radio o haberse enviado a otro miembro de su lista. Pero si va, es para debatir, no para “dar una espantá”.

De igual manera Iván Espinosa de los Monteros se equivocó cuando se levantó en Comisión parlamentaria ante una manifestación de la mesa y Pablo Iglesias con tono de suficiencia le espetó. “Al salir cierre la puerta.”

Es evidente que quien ordena el debate en una comisión o en una radio tiene reconocida por los concurrentes una autoridad que debe ejercer bajo el principio de preservar la democracia, y por tanto la libre expresión de ideas o propuestas. El espectáculo del debate en la SER se descontroló, a mas a mas, por la actuación de la conductora, Angels Barceló, resultando que un debate en la radio acabó convertido en un guirigay de un patio de vecindad. Con lo fácil que es cortar y poner música en la radio.

En política no aciertan los que sobreactúan y Pablo Iglesias tiene una tendencia irrefrenable a la interpretación en modo de tragicomedia. Esto de llamar a arrebato, “le exijo que condene” es una perversión de la libre expresión de ideas en la democracia y una pretendida imposición.

Antonio Garrigues repite que la democracia es convivir en discrepancia. Y añado no es convertir la confrontación de ideas en La Venganza de Don Mendo, como describe con su sentido del humor Marcelo.

Dice Pablo Iglesias: “Y me anulo y me atribulo/y mi horror no disimulo, /pues, aunque el nombre te asombre, /quien obra así tiene un nombre, /y ese nombre es el de …chulo.

Y le contestó Rocío Monasterio: ¿Es que tan mal expresé me, /doncel, que no comprendió me? / ¿No miró me? ¿No escuchó me? / ¿Tan poco afable mostré me/que apenas vio me, ya odió me?

Convertir lo sucedido en el debate de la SER en una categoría tremendista que moviliza votos, modifica porcentajes o dinamita la campaña parte de la idea que considera a los electores estúpidos y manipulables en el espectáculo electoral.

Pablo Iglesias no salió del debate en TV con buena cara y hay que pensar que tiene el suficiente criterio para darse cuenta ya que se ha metido él solo en el territorio de las elecciones de Madrid, a las que nadie le había llamado. Y de las que va a salir como gato escaldado con agua caliente.

Lo que se debate en Madrid, en estas elecciones, es si esta Comunidad Autónoma va a ser capaz de recuperarse e impulsar la recuperación de España cuando la pandemia del Covid 19 esté definitivamente derrotada. Y la presentación de la realidad de Madrid en trazos negros, fascismo versus democracia, es un error de bulto de la izquierda.

Este país está tranquilo y con actitud general responsable tras este año largo de pandemia. Y también cansado y preocupado porque el Gobierno de Sánchez hace meses que ha dimitido de sus responsabilidades, como acertadamente recuerda Nuñez Feijóo

Todos aspiramos y ponemos el esfuerzo que se debe y se nos pide para conseguir el reto de volver a la normalidad cuanto antes.

El candidato Iglesias debería entenderlo.

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