Dinero, deuda y disparates

Los tiempos electorales, como en el que estamos convocadas las elecciones catalanas del 14-F, sirven para que algunos políticos se disfracen del flautista de Hamelin, vomiten algunas propuestas imposibles y quieran llevarse los votos de los ciudadanos como si fueran estúpidos ratoncitos.

En el recorrido final de esta campaña electoral pandémica, sin mítines multitudinarios de clac aplaudidora, algo bueno van a tener estos tiempos, se ha soltado la boutade de que el BCE condone la deuda de los países que ha tomado y que figura debidamente consignada en su balance. La de España suma 384.845 millones de euros.

Que un representante de Podemos se una a la firma del manifiesto de un centenar de economistas que proponen borrar la deuda del balance de BCE no sorprende a nadie. Los de Pablo Iglesias viven políticamente oscilando entre la alucinación y el esperpento. Pero que la presidenta del PSOE que tiene bagaje político se incorpore a la tuna, es una extravagancia sin sentido.

Este globo sonda ya se lo habíamos oído al presidente en funciones de la Generalidad de Cataluña, Pere Aragonés, reclamado la condonación de la deuda catalana que no es moco de pavo: 44.200 millones de euros que deberán devolver en los próximos cuatro años y con un monto total de 62.000 millones de euros.

La Cataluña innovadora, trabajadora, europeísta y emprendedora lleva mas de 10 años en el ensimismamiento endogámico de una clase político que ha optado por la cleptocracia del 3% primero y por la radicalización secesionista después.

La respuesta desde el BCE y de los pocos ministros con formación y criterio ha sido inmediata: condonar la deuda es ilegal y afectaría muy negativamente a la economía y credibilidad de los inversores en España. La propuesta de “argentinizar” la economía está en el ADN de los populistas que nunca son capaces de resolver las situaciones que genera su ignorancia temeraria.

El ministro tecnócrata José Luis Escrivá de Seguridad Social ha propuesto una reforma de las pensiones que se traduce en tres medidas. Indexar las pensiones con devolución por los pensionistas del exceso percibido en los años que así resulte; creación de un fondo de pensiones público de gestión privada y reducir la deducción fiscal de las aportaciones a los planes de pensión privado.

José Luis Escrivá vive en el lado del Consejo de Ministros de los que piensan y no embisten, intentando no perder el equilibrio que ha creado Pedro Sánchez cogobernando con los podemitas -mix de populistas-comunistas del bar de la facultad, pero no se libra de ellos.

Políticamente imponer devoluciones a los pensionistas en caso de exceso en el pago generará una contestación no manejable y además necesita para gestionarse burocracia. Evidentemente la relación entre la pensión percibida y la cotización pagada está desequilibrada. Se percibe de mas un 28 por ciento según un estudio del Instituto de Actuarios publicado ya en 2019.Pero introducir un mecanismo de devolución en el futuro a cargo de los pensionistas te da todas las papeletas para convertirte en Nerón, viendo como arde la calle con la contestación de los jubilados.

Las otras dos medidas, reducir la deducción por aportación aplanes privados y crear el fondo público que aspira a sumar 300.000 millones, al que se quiere incentivar con la deducción fiscal suprimida, revelan la desconfianza estructural de algunos socialistas con la iniciativa privada, ahora estimulada por el aliento populista que soportan de sus aliados.

Incentivar las aportaciones a los fondos de pensiones fiscalmente, tanto a las empresas como a los particulares; la compatibilidad de la continuidad laboral con media jubilación; ampliar la edad de jubilación voluntariamente a funcionarios y trabajadores del sector privado, diga lo que diga el convenio aplicable y desvincular estructuralmente las pensiones del sistema de seguridad social, son un modelo alternativo que tiene éxito en Europa.

Y, sobre todo, impulsar el crecimiento económico sin miedo ni recelos a las empresas. Sin minar la seguridad jurídica y la reputación de nuestro país, como ha hecho Rasputín Iglesias poniendo en duda la plenitud democrática y la legalidad en España. Un no ejerciente vicepresidente de Asuntos sociales, que no ha movido un dedo ante la sangría de muertes en las residencias de mayores, pero hace de corifeo del ministro de exteriores ruso.

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