Sánchez le lleva a la posrealidad

El diccionario de Oxford en 2016 incluyó la palabra post-truth que se comenzó a utilizar en el año 1992, con el significado de verdad emotiva: distorsión de la realidad en la que los hechos objetivos tienen menos transcendencia que las emociones y las creencias personales, con la finalidad de influir en la opinión pública y en los comportamientos sociales.

El diccionario de la RAE añade: los demagogos son maestros de la posverdad.

Cuando estamos cerrando las últimas horas de 2020, Pedro Sánchez nos ha dibujado el futuro con un articulo publicado en Expansión en el que nos adelanta como será.

La moderna Administración Pública va a llevar adelante y a ejecutar el magnánimo presupuesto de 140 mil millones de euros que nos ha regalado a los ciudadanos gracias a su gran capacidad política ante los socios europeos. Unos recursos que van a desarrollar proyectos con “una modernización que va a suponer una extraordinaria mejora en la agilidad y eficiencia de nuestra administración”.

Para ello han aprobado un Real Decreto-ley -no es capaz de escribirlo sin falta de ortografía- que va a “dotar a nuestra organización administrativa de una gobernanza abierta y profesional”. El Gobierno va a tomar el timón y “eliminar cuellos de botella normativos” para “acelerar los procesos de contratación y colaboración con el sector privado”. Es decir, él repartirá los fondos europeos.

Y en su mensaje balance de fin de Año nos ha trasladado que su Comité de expertos independiente para la verificación le ha aprobado con sobresaliente. Como en su tesis doctoral. Cumpliendo con un semestre de adelanto, con compromisos por eje de transformación y con compromisos por línea directriz, en un informe pleno de porcentajes y de números que cuantifican la actuación y los proyectos cumplidos, en proceso, no iniciados y decaídos. Toda pura fullería.

Este montaje, en el mas puro estilo de la propaganda de una república bananera, maquillada con porcentajes y gráficos geométricos y relatado con un discurso propio de las inagotables y vacías intervenciones castristas, tiene un fallo: debió presentarse el 28 de diciembre.

Sin duda el día 28 de diciembre era el día adecuado, el día de los inocentes. Por tanto de los 77.354 inocentes que han fallecido por las cifras reales de la pandemia, a los que nunca nombra ni recuerda Pedro Sánchez.

También era el día de los 3,85 millones de parados y de los 745 mil que continúan en ERTEs, vagando por la Administración pública, ágil y moderna, de los Servicios de Empleo para que les paguen las prestaciones de acuerdo con su situación familiar y contrato de trabajo. Y de los 900.000 autónomos afectados por el cese de actividad y los 600.000 temporales con prestaciones por cese de actividad.

El día 28 era un buen día para ilustrar el folleto gubernamental Cumpliendo con imágenes de hoteles y locales cerrados en los principales ejes comerciales de las ciudades de España. Para recordar que la caída del PIB en España será del 11,6 %, la mayor en los países de la OCDE. Y que la desaparición de empresas puede llegar al 9,9 por ciento según el Banco de España que afirma que la crisis dejará efectos persistentes, aun después superadas las limitaciones.

El día 31 no piense usted como un pesimista lunático, fantasmal, apocalíptico que ve conspiraciones, como Pablo Casado. Siéntese con su familia, recupere en internet la intervención de 50 minutos de Pedro Sánchez y siga su consejo: “respire hondo, siéntase libre”.

Todo lo que aquí le relato no ha existido. Las sentencias por los delitos de los independentistas son “un episodio aciago”. Y hasta la Corona la va a modernizar para adaptarse a la posrealidad.

Como en el filme La Isla protagonizado por Evan Mac Gregor y Scarlet Johansson, Pedro Sánchez le llevará al mundo feliz de la posrealidad.

2020 no ha existido.

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