Presupuestos: el zoco de los chamarileros

En un momento de crisis todo gobernante tienes dos opciones: evitar abrir nuevas grietas y cerrar las que pueda o sentirse como Icaro y volar hacía el sol. La mitología griega -que debería ser una asignatura en la Ley Celaa para el adoctrinamiento - refleja el fracaso de aquel al que su ambición le ciega y no valora sus propias capacidades, pues el hijo de Dédalo decidió en medio del viaje ascender hacia el sol que derritió la cera que sujetaba sus alas.

En este otoño desgarrador por la constante serie diaria de fallecidos, 2020 se despedirá con el mayor crecimiento de la tasa de mortalidad de los últimos 75 años, Pedro Sánchez ha centrado su acción de gobierno en la aprobación de los presupuestos, una vez que ha soltado amarras del escenario covid19 que ha quedado bajo la dirección del dueto desafinado de Illa-Simón, cuya presencia en las televisiones solo sirve para cambiar de canal.

Ya no hay mas homilías laicas los fines de semana. Ni arengas de mercadotecnia barata. Ahora estamos en el zoco de las negociaciones y en el trato por los chamarileros.

Para ello y para evitar que las manos del presidente se manchen, se ofreció de liebre Pablo Iglesias dispuesto a ser el correo del Zar con los independentistas, nacionalistas, batasunos en Madrid y demás mosaico de contumaces pateadores de España, de la constitución y de las instituciones democráticas. Y al correo Iglesias le dieron carta blanca para firmar las letras de cambio que hiciera falta.

El PSOE, desde Zapatero, ya puso debajo de su logo la frase “esto hay que sacarlo como sea”, siendo esto el poder y sacarlo, mantenerlo en el lenguaje del postsocialismo de las nuevas juventudes de Ferraz que representa Lastra y demás miembros del indocumentado corifeo.

El correo del Zar Iglesias no aspira a cumplir exclusivamente su función, sino que al mismo tiempo actúa como agente doble que no solo desbroza el terreno y transmite las instrucciones de Sánchez, sino que negocia en su propio nombre. En definitiva, es como esos apoderados que un día rompen relaciones porque están haciendo al mismo tiempo negocios para su beneficio particular. El, ha dicho no ha venido al Gobierno para hacer amigos, empezando por el municipio de Galapar. Ni para ocuparse de los efectos de la pandemia en las residencias de ancianos.

Pedro Sánchez, tras tanta sobreactuación de Iglesias que al menos estas ultimas semanas nos proporciona noticias en solitario sin que la pareja ministra haga la segunda voz, parece que ha comenzado a dormir peor, dado el grado de irritabilidad que manifiesta.

La negociación de los presupuestos se ha convertido en una sala despiece de los valores constitucionales oficiada por Iglesias, mientras Sánchez que cada vez anda más con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón, contemplaba a los socialistas que tienen sentido de Estado e indubitadas convicciones democráticas en sus políticas, levantar su voz para opinar libremente que enterrar el castellano y bendecir a los batasunos, cuerpo civil de ETA, es una ignominia.

La teoría política de rigor y sustantiva la explicó la portavoz Lastra con cara de satisfacción: somos otra generación y ahora nos toca a nosotros.

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