Sin nación no hay estado

El problema de nuestra izquierda actual es su deslumbrante ignorancia de la teoría del Estado que se estudia en las facultades de Derecho y de Ciencias Políticas, incluida nuestra historia contemporánea. Y lo peor de todo es que bajo el principio de la demolición del modelo constitucional de 1978 no tienen ninguna alternativa, ningún modelo de sustitución.

La celebración del 12 de octubre, día de la Fiesta Nacional, como se celebra en otros países con larga trayectoria democrática, debería desarrollarse bajo el principio de normalidad institucional y de reconocimiento y reafirmación de que somos uno de los países más antiguos de Europa, y que conformamos una nación -Estado hace ya mas de cinco siglos. Sin estridencias pero con la relevancia y serenidad que nos proporciona nuestra historia.

Desafortunadamente la nueva izquierda, la que llegó hablando en nombre de la gente, sustantivo indeterminado cuando se utiliza sin acompañamiento de adjetivo, ha convertido su hecho diferencial en suprimir la corbata en la vestimenta de su líder Pablo Iglesias. Si para asistir a la gala de los premios Goya de la Academia del Cine el político no tuvo reparos en ponerse un smoking, considera que su composición política, bastante desvaída desde hace meses por sus andanzas particulares con los móviles de su colaboradoras, requiere descorbatarse para identificarse con la gente.

Esta reflexión es a la que ha llegado el Vicepresidente de Podemos que lucía más encogido de lo habitual ante la figura el Rey Felipe que le saludó militarmente como dicen las ordenanzas.

La historia de los diferentes momentos republicanos demuestra que quienes defendieron esta forma de Estado tenían una notable formación intelectual, más allá de la valoración de sus aciertos y errores. En la primera república Pi y Margal, Sagasta, Nicolás Salmerón, Emilio Castelar eran parte de una burguesía ilustrada y reunían reconocidos méritos académicos. En la segunda república Niceto Alcalá Zamora, Azaña y Julián Besteiro destacaban por su formación jurídica y formaban parte de insignes cuerpos del Estado.

Ninguno de los próceres republicanos tuvo necesidad, como lo hace Pablo Iglesias, de disfrazar sus ideas en la política con una vestimenta inadecuada y un atavío. Su problema real es que la opinión pública cada vez lo toma menos en serio y es lo más negativo que la puede suceder a un político. Que su relevancia en el 12 de octubre resulte más de un anécdota, su vestimenta y de su diálogo con el Presidente del Tribunal Supremo, inquiriendo el “como va lo mío”, le sitúa en el mundo de lo irrelevante.

De todas formas no hay que olvidar que quien lo ha subido al olimpo del Consejo de Ministros ha sido Pedro Sánchez, que lo utiliza unas veces como liebre - para desatascar momentos conflictivos- otras como correo, con los independentista, y siempre con la finalidad de desviar votos al partido de Santiago Abascal.

El panorama en todo caso es bastante desolador. Encabezamos el panel estadístico de los efectos del coronavirus, incluso si analizamos los datos por continentes. Los informes de las multinacionales advierten de la descomposición de España, instalada entre la inseguridad, la incertidumbre y el negacionismo de nuestras instituciones, lo que no tiene precedentes en ningún país europeo integrado en la Unión. Consecuentemente las proyecciones que se aventuran a nuestra economía vaticinan una tragedia por la desaparición de empresas y destrucción de empleo.

El “saldremos más fuertes” de la propaganda monclovita para mayor gloria de Pedro Sánchez, tiene el mismo valor como referencia fiable que el número oficial de fallecidos que nos han ofrecido el equipo sanitario habitual debidamente aderezados por la factoría de eslóganes que la factoría Moncloa coloca en los medios de comunicación cada semana. Es decir, ninguno.

En definitiva, el Gobierno progresista nos ha llevado como país a un callejón sin salida, incapaz de articular una respuesta uniforme y objetiva, debidamente soportada en la legalidad que permita a las CCAA combatir la pandemia y enfrascado en la deconstrucción constitucional. La ineptitud de este Gobierno está multiplicando el efecto ya de por sí devastador del virus Covid 19 y desincentivando la imagen de la marca España ante cualquier proyecto de inversores internacionales

Tras es el espectáculo del 12 de octubre, los gobiernos europeos habrán entendido que la Fiesta Nacional en España se celebraba este año un día antes, en Roland Garros.

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