Del estado de alarma al estado de desastre

Lo mas sorprendente en España de la pandemia y de las devastadoras consecuencias sociales y económicas es la ausencia de una intensa contestación a la actuación el Gobierno de Pedro Sánchez. Con excepción de las dos semanas de caceroladas, colocación de grandes carteles en edificios de Madrid y manifestaciones en el distrito
de Salamanca, lo cierto es que los ciudadanos han pasado del miedo a lo desconocido, a un tiempo breve de indignación y al sopor de la siesta veraniega en un tiempo de calores de justicia. Por no resaltar la prudente reacción de los profesionales sanitarios sometidos a un esfuerzo exhaustivo, calificativo que se reservaba para sí Pedro Sanchez tras los tres días de negociación en Bruselas, bolígrafo en mano y sin un solo papel en la mesa.

Hay una resignación general en este país nuestro que ha sufrido en la salud de sus ciudadanos los efectos del COVID-19 con la mayor de las virulencias, sin que hasta hoy se haya dado una explicación médica, científica y política razonable y adecuada. Recordando los datos oficiales, resulta que globalmente en todo el mundo han fallecido 685.00 persona, 114 personas por cada millón de habitantes. Y en España partiendo del recuento oficial -28.445 fallecidos- la proporción por millón de habitantes es de 605 fallecidos. Si comparamos nuestro país con los de nuestro entorno, en Italia han fallecido por millón de habitantes 582; en Francia 136; en Portugal 168, en Alemania 110 y en Polonia 43.

Cunado tengamos los datos finales reales que, según se ha anticipado por fuentes fiables tenemos ya 44.868 fallecidos según resultan de la estadística mortuoria derivada de los registros civiles, la cifra de 605 fallecidos será claramente superada. Hoy el diario El Mundo destaca la noticia de que en Australia con 208 fallecido y 17.923 infectados ha decretado en Melbourne el estado de desastre ante el repunte de casos detectados. Aquí el Gobierno se dedica al aplauso y el presidente a posar en las fotos.

Si de la situación sanitaria pasamos a la situación económica resulta que la caída del PIB en el segundo trimestre dobla a la de EE. UU, es un 33 por ciento superior a la de Italia y superior a la de Portugal en 4,2 puntos. En cuanto a los datos de paro, el incremento de paro registrado ha sido de 3.368.000, el 15,33 por ciento de la población activa, cifra que no contempla los ERTEs con suspensión del contrato de trabajo, por lo que la cifra de ocupados no es real. Ante esta situación, ¿de qué se ríe Pedro Sanchez tras la cumbre de la UE y cuando afea a Santiago Abascal que señale el mes de septiembre para la presentación de una moción de censura?, mecanismo parlamentario que no se anuncia nunca, se presenta.

El último pleno en el Congreso ha reflejado el estado de propaganda en el que la factoría Moncloa ha programado la respuesta política de Pedro Sanchez. El clac, los del segundo y tercer piso que no pagaban en el teatro, le ha recibido entre aplausos y solo faltaban los vítores y las hojas de acanto. En este estado de euforia -la legislatura será larga y fructífera- Pedro Sanchez no ha tenido ni siquiera la decencia intelectual de reconocer la gravedad del momento y alguna responsabilidad como presidente del gobierno. En el diario ABC, el domigo Luis Ventoso en su columna relata inteligentemente el pensamiento no revelado del presidente que valora en su favor el fraccionamiento del centro derecha y la deriva de la diarquía conyugal en Podemos, tándem Iglesias- Montero, convertidos en unos personajes sin otro papel que la función de floreros en el guion del gobierno progresista.

La oposición PP y Vox tienen que meditar y revisar durante los días de vacaciones sus respectivas estrategias. Ciudadanos es un naufrago que solo puede ofrecer su propio chaleco salvavidas. Y Santiago Abascal ha pecado de inmadurez con el anuncio de la moción de censura y se ha equivocado en la elección del momento. A los gobiernos
hay que dejarlos que se cuezan en sus contradicciones y la geometría variable que ha elegido Pedro Sanchez para su cuaderno de baile no es sostenible en el tiempo. Ha comprometido acuerdos con los secesionistas catalanes que ya ha empezado a incumplir con su situación penitenciaria y el do ut des con el PNV solivianta a los
presidentes socialistas de Comunidades autónomas.

En esta estrategia de oposición mas realista, el ministro de Sanidad Salvador Illa se merece una reprobación – el comité de expertos fantasma ha sido la ultima jaimitada -aunque solo ha jugado el papel de testaferro. En la reprobación se pueden presentar datos y argumentar por elevación.

También el papel de las ministras de Exteriores, Turismo y Trabajo ha sido un auténtico desastre para la economía y los empresarios, donde las improvisaciones y las incertidumbres de los ministerios han sustituido al rigor y la anticipación. Los ERTEs en el turismo y actividades vinculadas tendrán que ampliarse hasta el primer semestre de
2020 y ya se reconoce que la recuperación en uve era un cuento. El terreno de juego para España está muy complicado nacional e internacionalmente. No es tiempo de bravuconadas para el gobierno.

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