La comisión de la deconstrucción

El espectáculo ofrecido en la mal denominada Comisión para la reconstrucción económica y social en su quinta sesión hace prever que el resultado final pretendido -que no es otro que un dictamen sostenido por un amplio acuerdo parlamentario- no llegará a buen puerto.

El modelo de una Comisión parlamentaría, elegido por el Gobierno, nace lastrado por la pretensión de Pedro Sánchez de conducir sus trabajos bajo el principio de “aquí no ha pasado nada en fallecidos, sanitarios infectados, falta de transparencia y rectificaciones y cambio de criterio”, para lo que montamos una campana de vacío que concluirá con unos acuerdos meramente declarativos. Acuerdos que, pilotados por el Gobierno, ratificará la necesidad de continuar en la legislatura bajo la batuta de Pedro Sánchez y el gobierno de los 22 que no progresa adecuadamente tras los sucesivos escándalos protagonizados por sus ministros durante el estado de alarma.

Situado Patxi López al frente de la Comisión – el lendakari que perdió en tres años el Gobierno Vasco del cambio- con el mandato de domesticar el control político de la oposición, las declaraciones gubernamentales prueban que Pedro Sánchez mantiene las líneas fundamentales de su hoja de ruta, ajeno a que se llegue a algún tipo de acuerdo en la Comisión. El epitafio ya está escrito: “como verán ciudadanos el Gobierno progresista es el que se ocupa de sacar la pandemia del país y de ayudar a los afectados. La oposición se mueve entre la obstaculización y la promoción de un golpe de Estado”.

El trabajo de la Comisión es tan difuso y estéril que el único acuerdo desde su constitución es la lista de comparecientes. Lista que ni siquiera viene precedida de una agenda de medidas por sectores afectados, de las prioridades legislativas, función natural del Congreso y de la cobertura financiera de la UE, hoy todavía en el aire a pesar de los 750.000 millones.

De momento, sin la aprobación efectiva del paquete de préstamos y transferencias de la UE, sin conocer las condiciones y garantías exigidas por la Comisión, no hay mas que una pista de actuación de los comparecientes gubernamentales.

Unos, como Pablo Iglesias, continuará con sus performances del Club de la Comedia, en las que la otra parte contratante de la diarquía política, Irene Montero, hará la segunda voz. Otros como Nadia Calviño -defensora de suprimir restricciones a la competencia- o Luis Planas -que dialoga con los agricultores- pondrán rigor y experiencia internacional en un Gobierno que vive inmerso en una doble personalidad.

La recuperación económica de los sectores y regiones devastadas por los efectos de una pandemia descontrolada por el Gobierno en España debería partir de tres principios.

1. Flexibilizar y facilitar la adaptación de los sectores más afectados como el turístico, el transporte y el ocio en todas sus manifestaciones. Eso significar liberalizar y desregular, incluso la normativa urbanística, para que puedan compensar las limitaciones que han surgido por razones sanitarias con sus estructuras de negocio asentadas. Si tienes que cambiar hay que facilitar el cambio.

2. Impulsar la inversión pública y privada que impulse una recuperación del empleo y de la actividad económica, tanto en los sectores tecnológicos como en infraestructuras vinculadas al modelo urbano y territorial. La inversión requiere volumen y facilidades de financiación a los agentes privados.

3. No incrementar la presión fiscal a fin de impulsar la recuperación de capital de las empresas y la capacidad de gasto de los consumidores.

Unas medidas de recuperación realistas son frontalmente contradictorias con lo que nos propone el Club de la Comedia de Pablo Iglesias que lo único que aporta es que es el momento de lo público. Es decir, mas intervención, nacionalizaciones, mas regulación y mas impuestos, para llegar al resultado de expulsar a los inversores y generar mas déficit público y mas deuda pública que lastra los presupuestos.

España se enfrenta a un segundo semestre de 2020 muy complicado. La relajación de las medidas de distanciamiento y la vuelta a una recuperación de la normalidad sin adjetivos necesitará al menos un año, hasta la primavera de 2021.La deslocalización de la industria del automóvil, caso Nissan, que representa en nuestro país el 10 por ciento del PIB y emplea al 9 por ciento de la población activa se une al impacto en el sector turístico que aporta el 14,8 por ciento del PIB y genera 2,8 millones de empleos.

Ministros y ministras clarividentes e inexpertos del Gobierno de Pedro Sánchez se han dedicado a demonizar ambos sectores, con sus declaraciones sobre el diésel y desvalorizando el turismo.

Un Gobierno en descomposición que al ritmo de su incompetencia no tendrá otra salida que convocar elecciones en la mitad de 2021 que es la respuesta democrática a la tragedia de vidas perdidas y daños sociales y económicos causados.

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